La segunda no fue la vencida

Ese día le mande un mensaje a Steve. Creo que tengo la Chicunkuya. De inmediato me llamo. Sabes hay que tomar sopita caliente. Voy para tu casa que te la hago, me dijo por el auricular. No te moleste corazón, le conteste, que mi madre está en casa y ya me ha dado a tomar caldo de gallina. Ah¡¡¡ pero si quieres venir, me encantaría, le dije. Así te presento a mi madre.

En hora y media Steve estaba en mi casa. Ahora el portero lo dejo entrar sin problemas. Mi madre se acaba de ir, estaba sola, escuchando música con los audífonos cuando escuche la puerta.

Hola querido, gracias por venir. No es nada, corazón, cómo seguiste. Ya mejor, le digo. El caldo de gallina es maravilloso. Aún hay, quieres que te sirva un poco, le digo. Y por qué no te quitas esos Rayban que andas, le pregunto a Steve, estás drogado?. No, como crees, responde, pero sus ojos están rojos. Estaba fumando y hay mucho sol en la calle. Eso me imagine, le digo con sarcasmo, mientras me tomo otra taza de caldo de gallina.

Nos salimos al balcón del apartamento y le cuento que Claudia anda en Cobán. Nos sentamos un rato, pero siento mis pies fríos y le digo. Sube aquí tus pies, dice, me pone un poncho encima y sus manos comienzan las caricias. Qué bien se siente. Sabes lo qué dicen. Le pregunto. No qué, cosa es. Dicen que el sexo cura la gripe. Pero andas con sandalias y resfriada, me contesta como fuera de lugar. Me toma los pies y los lleva a su boca. Después los deja pasar sobre su pene. Cuando eso pasa, le digo que me siento mejor. Y era cierto me sentía con ganas y fuerzas para todo y que quería tirarme a Steve. Yo creo que fue el caldo de gallina, pero quería que me penetrara ahí mismo. Pero los vecinos de al lado también estaban en el balcón y nos comenzaron a platicar. Steve decidió irse. Tengo trabajo, me voy.

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