La primera experiencia

Después de tantos preparativos viaje a Izabal para ver a Steve. Yo había tomado la iniciativa y era primera vez que hacia todo el esfuerzo posible para ver y estar con él. Mira voy en plan “a ver qué pasa” que en términos prácticos significaba que quería tener una aventura sexual con Steve.

Estaba acalorada por el viaje pero su recibimiento fue aún más caluroso. Llevaba un vestido blanco de algodón bastante provocativo y sexy que me había regalado por mi supuesto cumpleaños. Después de bajar del bus me había quitado el sostén por el calor, lo que hacía que mis pechos fueran más llamativos. Con el pelo recogido, casi sin maquillaje, pero con brillo en mis labios y unos aretes lindos me dispuse a conquistar a un hombre que se me había resistido hasta ese día.

Me tarde en recuperar mi pequeño bolso de viaje. Eche agua en mis pies, y mis sandalias blancas empezaron a ser más flexibles. Cuando por fin pude recuperar mi bolso, Steve estaba ahí. Me dio un abrazo y un beso. No dijo nada sobre mi atuendo. Sus palabras fueron “hola nena” como era su costumbre.

Cuando llegamos a su casa me abrazo con fuerza, me dio la bienvenida oficial y me susurro algo en el oído que no entendí, luego me llevo un vaso de agua con hielo. Antes me lo paso por mi espalda para refrescarme. Luego me beso en el cuello con un hielo entre sus labios, eso me excito bastante. Después me sentó en la orilla de la cama. Intente despojarme de la ropa de inmediato, pero me freno. Deja, yo me ocupo dijo. Tu solo relájate. Recuéstate. Sabía lo dispuesta que estaba, se lo había insinuado por el chat. Steve, me calmo y mis expectativas fueros superadas por todo lo que sucedió después.
Con mucho tacto me recostó sobre la cama y con sus manos gruesas y toscas me acaricio los pies, dándome masajes suaves de una manera sencilla pero excitante. Luego saco una crema humectante y de nuevo me froto las piernas y la espalda. Aquí te quemas muy rápido dijo, para después besarme las rodillas y retomar a mis pies. Tienes un encanto aquí, dijo para justificar su encono por lamer mis dedos. Al principio me dio cosquillas, pero después sentí una agradable sensación que deseaba que no terminara tan pronto.

Todo fue muy estimulante.

Levanto su rostro y me miro fijamente por un instante, como queriendo decir o preguntar algo, pero las palabras en ese momento estaban de mas. Desde que traspase la puerta de su casa ya estaba entregada. Y así lo comprendió. Entonces descubrió mi seno, de inmediato se incorporó hasta llegar a mi pezón que mordisqueó por unos momentos, hasta que este se puso duro y erizo.

Entonces metió sus dos manos dentro del vestido y comenzó a tocar mi vagina mientras besaba mi cuello y mis pechos con gran dedicación. Una agradable sensación recorrió mi cuerpo y sentí la gloria en tan poco tiempo. Sus dedos hurgaban por todas partes y mi excitación crecía. Aún llevaba la ropa puesta pero mi calzón estaba mojado por completo, y él seguía explorando, tomando su tiempo e incrementando mis deseos. Yo deseaba que lo arrancara con fuerza y quedar desnuda y lista para la penetración. Pero fue paciente, al contrario de otras experiencias, la cosa no fue por ahí. Continuo mirándome, mientras sus dedos jugaban con delicadeza sobre mis labios y a ratos introducía una punta de ellos con la facilidad que la abundancia de los flujos provocaba. Eso me gusto mucho, entonces comencé a gemír y él llegaba rápido y me besaba, humedeciendo mis labios, para continuar con sus dedos dándome placer. Durante todo el tiempo yo permanecí inmóvil.

Hubo un momento que introdujo con fuerza su dedo en mí, y por unos instantes jugo sacándolo e introduciéndolo de nuevo, para luego llevarlo a mi boca. Me lo pasó por los labios y con un suave gesto me lo introdujo por completo. Cuando eso paso, cerré mis ojos y comencé a gemir. Fue una sensación extraña y compleja. Eran mis olores, mis sabores y mis deseos los que estaba probando y lo que me provocaba una explosión sensorial nunca antes vivida. Quizás era la señal que esperaba para saber lo dispuesta que andaba.
Entonces introdujo su rosto entre mis piernas y el vestido que aún cargaba, se transformo en una especie de bata, de esas que usan los ginecólogos cuando examinan a las pacientes. Yo estaba abierta con las piernas arriba de la cama, el metía su rosto y sus manos entre mis piernas. Entonces hizo espacio, jalo mi calzón y dejo al descubierto mi parte. Estaba bien rasurada como me dijo que le gustaba. Eso lo enloqueció y me lo agradeció después.

Su lengua estaba caliente y poco a poco pude sentir su presencia entre mis labios y mi clítoris. Tomo otro cubo de hielo y lo paso lentamente sobre mi vagina y el contraste entre lo frio y mi temperatura corporal se noto de inmediato. Fue el inicio de una placentera forma de lograr la locura.

Embestía de forma constante, a veces chupaba, otras veces mordía, otras hacia camino con sus dedos para dejar su lengua jugar en la entrada y retomar todo nuevamente. En ocasiones hacia ambas cosas, introduciendo tres o cuatro dedos con fuerza, mientras mi clítoris era subsionado por su boca. De pronto llego a mi culo y lo mojo con mis propios flujos. Entonces comencé a moverme frenéticamente de arriba hacia debajo de forma incontrolable. Fueron varios minutos, hasta que logre venirme. Lo que me provoco un grito fuerte y seco. Steve saco su rostro para verme y sonrió. Ahora te vas a venir de verdad, dijo y de inmediato retomo lo suyo.

Y pasó más tiempo ahí, succionando mis flujos, logrando que por primera vez en toda mi vida tuviera un orgasmo a partir del sexo oral. Y después de ese logro, vinieron otros, hasta que no pude más y apreté con fuerza mis piernas sobre su rosto en señal de rendición. Como no paraba, tome su rostro y los estampe en mi vagina, cortando todo el aire posible, sólo así se retiro y yo pude tomar aliento. El me convirtió en multi orgásmica en una sola tarde de sexo oral.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *