La prima pelirroja

Mi amiga Helen me invitó a su fiesta de graduación. Me negué ir al acto académico, pues esas cosas las considero aburridas y el tráfico en la U es fatal. Así que me fui temprano para la celebración en el club de oficiales de la zona trece. Al principio me costo encontrar estacionamiento, pues el lugar estaba lleno y me toco hasta en la parte de atrás. La lluvia de la tarde y el camino de tierra me hicieron sufrir y ver como mis zapatos se transformaban.

Cuando ella ingreso, la fiesta había comenzado por eso del tráfico que les conte. Llevaba un vestido corto, unos zapatos de tacón rojos y un sombrero que decía Licenciada. En ese momento la música se puso a punto y todo mundo comenzó a evocar esos movimientos eróticos tan de moda en los bailes. En el otro extremo se encontraba Juan David, ex novio de Helen, con intensiones conmigo. Es una noche liberadora, me dijo Helen al pasar y no supe bien si se referia a su título y su nueva vida profesional o a dejar atrás a David y endosármelo con su complacencia.

Pero no fue ni David, ni Helen, lo que acapararon mi atención. Más bien una pelirroja familiar de Helen que no conocía de nada. Sus pechos eran grandes, su cintura pequeña, su boca pintada de rojo extravagante que la hacia ver vulgar y su forma muy particular de llevar el ritmo de la música delataba mucha experiencia en la cama. De inmediato David se fijo también en ella y Helen me la presentó.

La pelirroja me tomo de la mano para fingir que le gustaban mis anillos. Paso sus manos por mi espalda descubierta y con sus uñas bien cuidadas comenzó a sobijiarme de una manera invasiva pero rica. Y aquí qué pasa, dije. Qué pelo tan lindo, volvió a decir cuando sus manos habían abandonado mi espalda y ahora se posaban en mi cuello fingiendo admirar mi cabello cuando en realidad me acariciaba cada centímetro de mi cuello. Un escalofrio rico innundo mi cuerpo y solo pude susperirar ante tanta admiración.

Quizas esa fue la señal que esta pelirroja esperaba, pero a partir de ahí supo que estaba dispuesta a experiementar cosas con ella. Tomo un trago de wisky y luego se saco el hielo de su boca y lo froto contra mi espalda. Que rico se siente, dijo, ahora, con estos calores. Yo solo atine a sonreir y suspirar, que se sentía tan bien, que no hacia falta parar nada. Entonces sus intensiones fueron mas obvias y sus manos se posaron en mis rodillas.

David intentaba por todos los medios llamar la atención sin resultado alguno. Ella en cambio no dejaba de hablar conmigo de mil cosas y al mismo tiempo me tocaba descaradamente debajo de la mesa. Hasta que David se canso y nos dejo sola en aquella apartada mesa del enorme salón. La pista de baile estaba llena. Mi amiga Helen disfrutaba con los invitados, la luz era intermitente y el sonido estaba bastante alto.

Entonces la pelirroja me descubrió la oreja y me dio un beso, fingiendo ver mi arete en medio de aquella penumbra. Como no reaccione negativamente, paso su lengua por el lóbulo y me dio un chupo rico, corto pero sensible. Luego me toco con fuerzas mis piernas y poco a poco fue subiendo hasta que por inercia de la situación baje mi pierna cruzada y las deje abierta para que ella, sin menoscabo del lugar y la ocasión me tocará mi vagina. Me comencé a humedecer y sentí que todo pasaría. Entonces, me pregunto si la podía acompañar al parqueo, que había olvidado su teléfono.

No me dio tiempo a responder, cuando sentí ella se había levantado y comenzaba a caminar camino al estacionamiento. De inmediato me levante y camine atrás de ella, apurada y deseosa de ir. En el camino una amiga me saludo, sin sospechar ni preguntar nada. Donde dejaste tu carro, me pregunto. Atrás le dije, sin pensar que íbamos al de ella, a traer su teléfono. En el carro, fue fácil bajarme la tanga y subirme la falda que llevaba. Subi las piernas y los vidrios comenzaron a empañarse. Mis gemidos eran apagados por la música, pero no podía disimular nuestra presencia en el interior. Su lengua repaso mis labios exteriores y superiores hasta que mi clítoris sucumbio en un delirio in extremis. Sus manos me manoseaba toda, mientras yo tenía varios orgasmos, hasta que un guardia nos alumbro y salimos como pudimos en dicha situación.

Regresamos a la fiesta, como si nada. Nos sentamos de nuevo juntas, pero para ella su foco de atención estaban en otra mesa. Me dijo unas cuantas tonterías, antes de darme su número y se marcho buscando otra aventura. Helen llego cansada de bailar con dos trago para que en la intimidad de aquel salón brindaramos. Cómo te la estas pasando me pregunto a lo cual solo atine a decir que bien. Me alegra dijo. Vaya que mi prima se fue, se me olvido advertirte que le gustan las mujeres y que es muy buena convenciendo a la gente, dijo antes de salir a bailar de nuevo.

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