La pasión desbordada

pasionEstoy sentada justo en la entrada del bar en un hotel de Antigua. Mis amigas no llegan y el lugar empieza a llenarse.

Levanto la mirada y me cruzo con alguien que esboza una ligera sonrisa. Sus ojos color avellana me llaman la atención. Su pelo negro, liso, revoltoso y sus hombros anchos, concuerdan con su camisa estampada y su barba que asoma. Me gusta y coqueteo sin disimulo.

Sin prisas, me acomodo para mostrar mis tobillos con fuerza, para resaltar los transparentes pliegues de mi vestido para sentirme increíblemente sexy. Me comporto con atrevimiento, buscando un breve espacio para que se acerque. Mi coqueteo es directo y nada sutil.

Pierdo por un momento su ubicación. Entonces decido ir a la barra y pedir otro trago. De pronto, él me sorprende con un “hola”. El juego se termina. Yo me detengo por un instante.  No se que responder. Entiendo que con decir hola basta, pero no me sale.

Me doy cuenta al estar frente a mí, lo guapo que es y las ganas que me dan de estar con él. Deseo clavarle mis uñas en sus nalgas y dejar huella en su espalda. Sonrió. Mientras mi corazón se acelera y pide tregua. Con cada gesto suyo, me doy cuenta de la gran oportunidad que tengo para tener una aventura con él y no lo dudo ni un instante.

Por fin, por instinto le balbuceo el hola que tanto estaba esperando: ¡¡¡¡que tal¡¡¡¡ Quién eres?.

Bueno, no importa quién eres, porque me doy cuenta que estoy mojada del placer. Quiero darle un beso y me acerco tanto que siento su respiración. Mis labios tocan su mejilla y se deslizan hacia su boca sin temor. Es una sensación dulce para ambos y nos besamos sin preámbulo. Eso me abrió más el deseo y la confianza.

Tan pronto nos colocamos frente a frente, le tomo la mano y la coloco justo en mi pierna desnuda por el pliegue del vestido, como invitando a que pueble con su ternura mi ser.

De donde saliste tan guapo, le susurro al oído. Se sonríe y me devuelve el cumplido, “qué hace una chica linda, sola”, “eres demasiado bella para estar así”. Por suerte estas tú, respondo. 

Ante el tamaño de nuestra necesidad me jala a fuera del bar y me conduce por un pasillo apartado. El sonido se diluye y cada vez me encuentro a su merced.

Nuestras respiraciones se esparcen por el pasillo hasta alcanzar las escaleras de servicio, lleno de prisas y gemidos disimulados. La tentación se ha desbordado y no hay posibilidad de espera, mis piernas seden para que rasgue mi ropa interior y sus manos queden justo en mis partes húmedas.

Mis piernas tiemblan y sube el tono de sus caricias y sus besos. Creo que no podré llegar a la habitación.

Salimos buscando el número 47 sin orientación, desesperadamente. Se coloca por detrás de mí mientras camino, él aprovecha para besar mi cuello dejando al descubierto mis pechos. Abajo en el patio hay una pareja que nos mira disimuladamente tratando de concentrase en sus propios deseos. Yo sigo la loca carrera por encontrar el número, que por fin veo.

Antes de entrar me pone contra la pared y me penetra de forma brusca, doy un gemido seco y fuerte. No tengo palabras para describirlo. Sabe perfectamente lo que quiero y cómo lo quiero. Mi cuerpo tiembla y me estremece sentir su fuerza dentro de mí. Vuelvo a gritar y sin poderme contener me vengo. No una, sino dos veces. Es tan intenso, tan rápido, tan fuerte.

Son esos orgasmos que pocas veces se sienten, pero cuando pasan, entras en trance, sin poder salir de tu cuerpo. Son únicos, muy íntimos, que perduran sin importar quién te los provoca.

Luego entramos a su habitación.

Ahí las cosas tomaron otro ritmo. Por fin hicimos un reconocimiento carnal que nos dio cercanía. Ahora era yo quién exploraba su cuerpo para besar cualquier lugar inesperado. Luego, con mucha experiencia de su parte, me acaricio suavemente, para lograr que mi sangre se acumulara en mi pelvis, para luego hacerme estallar de nuevo de placer.

Ahora no hay pausa. Me pone en cuatro y grito de placer, hasta quedarme aprisionada debajo de su cuerpo, abrazada, boca abajo, sintiendo su corazón latir más fuerte, mientras poco a poco voy quedándome dormida.

Me despierta el zumbido de mi celular. Tengo 17 llamadas perdidas y 12 mensajes. Todos de mis amigas, excepto el último que es de mi esposo.

Me levanto y comienzo a buscar mi ropa. No hay tiempo para bañarme. Ni quiero borrar esa noche. No encuentro mi calzón y salgo así. El sigue durmiendo. No es tarde, pero tengo que encontrar a mis amigas para regresar a casa, no puedo llegar sola.

Mis amigas me esperan y me llevan a casa. Mi marido llama de nuevo.

En casa me voy directamente a la cama y descubro que está despierto. Quiere hacer el amor. Yo aún tengo el aroma de mi amante y los flujos de esa noche. Pero no me siento culpable de nada. Sedo y hacemos el amor sin que se parezca en nada a lo vivido unas horas antes.

Estoy contenta con mi vida, y amo a mi marido. Pero lo que acabo de vivir es increíble. Es mi pequeño secreto.  

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