La historia secreta de Ramiro

hqdefaultNo era la primera vez que salía con él, pero en esa ocasión sentía que algo iba a pasar. Su compañía me agradaba y sus gestos de chico maduro y conocedor me encantaban más, así que cuando comenzamos a salir eso me dio seguridad. También sabía que él no me tomaba en serio. Es un agarre, le había dicho a una mi amiga. Por eso nunca me hice ilusiones, pero me la pasaba bien con él.

Durante el trayecto sus manos no se habían quedado quietas y estaba bastante excitada. En dos ocasiones creí venirme y quise parar justo en esa calle para que me hiciera el amor, pero en ese instante llegamos a su casa. Se había convertido en una rutina. Llegaba, hacíamos el amor y me regresaba por la noche. Eran tardes mágicas, que no pienso dejar, le confesé a mi amiga, cuando me dijo lo del agarre.

No quería dar la impresión que tenía miedo de andar, pero esa tarde presentía algo. Carlos había llegado con aliento a droga y alcohol a casa y su comportamiento era más compulsivo. Antes de entrar quería besarlo, tocarlo y hacer el amor ahí. Pero él se bajo de inmediato y abrió la puerta del garaje. Quieres meter tu carro o lo dejas ahí, me dijo. Es solo un rato pensé, así que prefería dejarlo en la calle.

Ya adentro la escena fue patética. Había fiesta. O eso pretendía. Era más bien un desmadre de gente drogándose. Su hermana me ofreció un cigarro de mariguana, pero gentilmente dije que no. Atrás, había una pareja que hacía el amor sin vergüenza. Yo traté de adaptarme. El humo y el olor eran penetrantes y me sentía incomoda en medio de un despelote de sexo y drogas.

Una amiga de Carlos llego a platicar. Me ofreció un trago y acepte. Al cabo de unos minutos se lo llevó a la cocina y entonces no supe que hacer. Uno de los amigos de Ramiro me tocó las nalgas. Fue sorpresivo y al mismo tiempo repulsivo sentir sus ásperas manos entre mi falda. Ramiro sólo se sonrío.

No dijo ni hizo nada. ¿Quieres que siga?, me preguntó. Todos bromearon, se reían de mí. Entonces fui a buscar a Carlos y lo encontré besándose en la cocina con la amiga.

Ramiro llego por detrás y me tomo del brazo. Déjalos. No es tu pedo, así que cálmate. Efectivamente no éramos nada, qué podía reclamar. Pero me puse furiosa. Acepte otro trago, quería llorar. Salí con Ramiro a fumar, mientras me calmaba. Yo lo sabía, no era más que un agarre, por qué me molestaba, me decía, pero era obvio que me había afectado.

Pregunte: ¿tienen bastante actividad sexual por lo que veo.?. Ramiro se sonrío. No respondió. Y tú, me pregunto. Tampoco dije nada. Pero comprendió que por despecho estaba dispuesta a tener. Dio una aspirada profunda al cigarro y me dio un beso, con todo el humo de por medio. Eso y sus amigos me provocaron más ira.

El en cambio siguió su actividad explorando mi cuerpo. Metió su lengua en mi boca, mientras sus manos abrían mi blusa y dejan mis pechos a su merced. Su lengua se frotaba sobre mi cara y la metía en oreja. Sus besos eran húmedos y pegajosos. Su aroma a mota era penetrante. Sus dedos me provocaban escalofríos, sus manos nunca estaban quietas y me provocaban toda clase de sensaciones.

Estaba inerte, parada frente a un tipo que recién conocía. Deslizó su mano entre mi falda y el zipper se deslizó dejando al descubierto todo mi cuerpo. Me hizo chupar su dedo y cuando está bastante húmedo me frotó el ano, de forma suave y alternando con los otros dedos en mi vagina. Era una sensación única. Jamás antes había sentido tanto en tan poco tiempo. En realidad, no tenía mucha experiencia. Lo había hecho con mi novio tres o cuatro veces antes de cortar y luego con un amigo de la U, pero sin mucha continuidad, hasta que encontré a Carlos que me había llevado a esa casa.

Yo comencé a gemir. Cada vez más fuerte. Poco me importaba que me escucharan los que estaban en la sala. Quizás lo hacía consciente de eso. Ramiro estaba en control de la situación. Yo deliraba. Estaba muy a gusto con todo. Dispuesta a pasar la noche ahí, cogiendo con él, o tal vez, con alguno de sus amigos también.

No supe bien si me venía o no, pero sus dedos entraban y salían de mi vagina con tanta rapidez y fuerza que me estaban dando ganas de orinar. Era una doble sensación. Con toda esa humedad, me untaba atrás y trataba de dilatarme el ano, hasta que su dedo ingresó fácil y yo sentía escalofríos y gritaba de placer.

Quieres que te cojamos, me susurró.

Siiiiií , imploré……….

Mi amigo Juan quiere probarte…………..

Juan era el que antes me había tomado las nalgas.

Yo estaba ahí sintiendo esa sensación de vacío e impotencia cuando pierdes el control…… sólo respondía con un síiiii a todo lo que me proponía, mientras me venía una y dos veces más……..

Entonces le quite la camisa. Su torso estaba bien formado. Me gustó sentir su cuerpo, pegado al mío. Cómo pude le quite el cincho y le baje el pantalón. Sentía ya su pene erecto. Se sentó en una silla del jardín y me hizo que le chupara el pene.

Cuando le baje el calzoncillo, apareció un pene enorme. Era tan grande que retrocedí asombrada.

Recién estaba poniéndose erecto, pero ya estaba del tamaño de mi brazo.

¿Cómo puedes tener una cosa así?, exclamé.

El no dijo nada y me puso su verga literalmente frente a mi cara. Me dio miedo. No sabía qué hacer y era incomodo para mí esa situación. Pasé del éxtasis al miedo. Relájate, me dijo. Entonces jalo mi mano nuevamente y mis dos manos envolvieron su pene, pero aún así sobraba bastante. Ahí comprendí que era más grande de lo que se podía uno imaginar. Cómo pueden existir de ese tamaño, dije. Mis dos manos no se cerraban por lo grueso y a pesar de estar separadas, sobraba bastante a lo largo.

No era agradable, más bien era intimidante. Cuando jalaba todo su pellejo, su cabeza salía y era enorme. Me gustaba ver esa flexibilidad, esa interminable sensación de nunca acabar. Uno o dos centímetros más grande que la base, asomaba su cabeza rosada, como un caparazón de hongo.

Abrí mi boca intentando que ingresara pero fue en vano. No daba para más. Solo lograba chupar su cabeza y mi lengua subsionaba frenéticamente aquel glande enorme. Luego recorrí toda su extensión y llegue hasta sus testículos, que si eran más pequeños. Así estuve casi media hora, buscando la mejor forma de chupar esa gran verga. Pero era obvio que no lo iba ser terminar de esa manera.

Me sentí mal. Me vestí y le bese, como despedida. Lo siento, le dije, no puedo. Como pude salí de ahí. Confundida más que excitada.

 

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