La historia de Ramiro, primera parte

drConocí a Ramiro por el vicio que tengo de comprar zapatos.

En una ocasión iba con mi madre y de pronto vi unos zapatos en la vitrina de una tienda. Son divinos, le dije, mientras hacía cuentas. Ella solo se sonrío y me advirtió. Deja de gastar tanto en zapatos, tienes muchos que ni te pones. Igual entramos y de inmediato el mismo encargado de la tienda llego para atendernos.

Ramiro es un tipo alto, no muy atractivo, tiene gestos y modales que dan la apariencia de ser gay, por su finura en sus gestos, pero en realidad es excesivamente amable. Ese color te va, dijo con total confianza. Pero, agregó, tenemos otros que estoy seguro que te van a gustar también. Mi madre hizo un gesto de molestia por su insistencia.

De inmediato me llevo varios, en distintos colores y estilos. Es un buen vendedor, de eso no hay duda. Mientras yo escogía, el llevó unos más pequeños, más sobrios y elegantes y se los ofreció a mi madre.

Estos la harán ver más bella, señora, expresó. Mi madre se extraño. Entonces el encargado la tomo del brazo y la llevó a una banca.

Se puso de rodillas, le tomo el pie y con bastante tino acarició el talón de mi madre hasta detenerse en sus dedos, para luego jalar la media mientras acariciaba su planta con suma delicadeza, y antes que mi madre se sintiera incomoda por tal atrevimiento, introdujo el zapato de forma suave y profesional.

Fue un atrevimiento inusual, eso estaba claro. Me hizo sentir incomoda por su gesto, pero a mi madre le había encantado, según supe después.

Al terminar, escribió su número de teléfono en la parte de atrás de la factura y con un espero que regrese pronto se la dio a mi madre, acompañado de un giño de ojo.

Meses después supe que mi madre mantenía una relación con él muchacho. Según me contó después, sus suaves manos acariciando sus pies dieron vida a una relación que termino con la separación de mis padres.

Por eso Ramiro ahora vive con nosotras. Al principio me fue difícil aceptar esa relación. No es solo el hecho de la diferencia de edades, sino también la separación de mis padres.

Nunca me imagine que aquel tipo de la zapatería, estaría después de un año compartiendo desayuno conmigo y besando a mi madre en todos lados de la casa. Y debe reconocer que el tipo es un meloso empedernido que se ha ganado a pulso el cariño de mamá.

Sé que mi madre está feliz. Por las noches la escucho gemir sin pudor alguno. Algo que nunca paso con mi padre. Ha cambiado su forma de ser, de vestir, de sentir. Es claro que Ramiro la hace gozar de todas las maneras posibles. Es sensacional, me confesó ella, estoy enamorada gracias a ti.

Eso me hizo sentir mal. Pero así es la vida.

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