La edad de los besos

A los 14 años me besaron y sentí horrible. Motivada por mis amigas, lo intenté de nuevo a los pocos días y en esa ocasión el chavo metió su lengua en mi boca y lo sentí peor que la primera vez. Fue hasta un año después que me supo a gloria eso de besar con lengua partida. Soy de prueba y error y encontré siempre lo mejor de mi y de mis parejas cuando comencé experimentar con lo raro, lo estrambótico y me rebelé contra los estereotipos. Así que, no me importaba si eran feos, locos o pasivos, tuve de dónde elegir y elegí a los mejores. Nunca me equivoque dos veces, así que las historias que ahora comparto son esas locas aventuras que tuve en los 10 años de mi vida después de aquel beso insípido que me enseño a disfrutar lo diverso que puede ser la vida. Todo eso lo conozco y reconozco por los besos que me dan, y por los besos que robo. Aquellos que he dado consciente de mi deber de besadora profesional, son con alevosía y premeditación y nunca fallan.

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