La convivencia

Después de los 20 me refugie en el vino y la buena vida. Descubri mis bajos instintos y me convertí en promiscua. Estuve vagando por diversas camas y tipos, sin encontra rumbo, por que las fantasías que había creado en mi mente, se cumplian con gente que no se merecía mi cuerpo, ni mis ganas, mucho menos mis sentimientos. Después de tres años, ya con 25 a cuestas, tuve sexo con Ernesto, solo por necedad y pude comprobar que aquello que me había deslubrado en él, se había perdido. Así que deje todo y me fui en un viaje sin retorno a la normalidad de una vida plana y llena de angustias. En ese viaje conocí a Roberto. Un abogado que entre otras cualidades escribía poemas y cuentos cortos sobre cuestiones de violencia y nota roja. Con él compartí el gusto por la lectura y al poco tiempo nos fuimos a vivir juntos. Una aventura cargada de morbo y situaciones extremas. El tipo era un esquisito amante dispuesto a entregarse sin remordimientos al sexo. En la cama era una amante perfecto, en la conviviencia era mejor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *