Inteligencia vs. fidelidad

La duda rondaba nuestro matrimonio. Yo dudaba de sus viajes, él dudaba de mi vestimenta. Un día juramos decirnos la verdad, por si alguien, cualquiera de los dos tenía una aventura. Por el bien de ambos, dijimos, tenemos que ser sinceros y decirnos la verdad. Eso no será motivo para separarnos, dijo él muy seguro del asunto. Si reconocemos el error, podemos perdonar, pues lo peor que nos puede pasar, agrego, es enterarnos por un chisme o por otro canal, es mejor decir la verdad, y reconocemos que debemos cambiar para mantener estable nuestro matrimonio. Así lo hicimos.

Al tiempo nos dimos cuenta que nadie dijo nada, y las inseguridades se esfumaron. Y como un cuento de hadas, fuimos felices. Sin decirnos nada.

Ojos que no ven, decía mi abuelita.

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