Inmadurez

A los 18 años conocí a Ernesto, con quién me fui a vivir. El tenía 36 años, estaba en un proceso de separación y lo había conocido porque mi tío llevaba su divorcio. Mi madre se puso histérica cuando le conté que me iría a vivir con él. Estaba recién graduada del bachillerato y revien comenzaba la Universidad. El era ingeniero, vivía relativamente bien pero había perdido mucho dinero con la separación. Tenía dos hijos y su mujer me odiaba pensando que era yo quién provoco la ruptura, pero fue todo lo contrario. Me sentía atraída por él. Su madurez, era parte de lo que me ofrecía como alivio a mi soledad. Era sencillo complacer alguien así, pero yo era una niña que aún estaba descubriendo mi sexualidad, no llegaba virgen, pero casi. Era ingenua y tierna hasta cierto punto, completamente inconsistente como pareja y amante del buen trato. Cuando lo conocí me cautivo rápidamente y descubrí las ganas de tener a alguien a mi lado, pesando que eso duraría toda la vida. Le gustaba verme desnuda. Yo correteaba todo el día por aquel bello apartamento en ropa interior, mientras él revisaba papeles en el estudio. El sillón que proporcionaba la mejor vista al volcán era mi lugar preferiodo para hacer el amor. Ahí tuve mis primeros orgasmos. Ahí gemía como loca cuando me golpeaba  las nalgas antes que explotaba de placer. En ese sillón se vertieron mis fluidos y recogió mis primeras posturas del placer más sublime. Fueron dos años de sexo continuo y orgasmos explosivos solo interrumpido por aquellos días en que me bajaba la menstruación. Vivia para complacer y ser complacida. Vivia para descubirme y descubir el erotismo que significaba aquella rebeldía. Intente siempre acompañarlo en todo, pero nunca me lo permitió. Eres muy joven, me decía, pero en el fondo le daba verguenza que me vieran con él, por la diferencia de edades. No era mucho de hablar, sino de hacer, pero a mi, me gustaba conversar, cuestionar, plantear mis dudas y expresar mis certezas. En todo era muy madura, asumiendo en todo momento la responsabilidad de mis desiciones. Pero todo lo bueno no puede durar mucho tiempo. Despues de un tiempo el tipo se canso de mi y me echo. No podía vivir sin su ex esposa, y qué contradicción, regreso para comprobar que la infidelidad de ambos era la principal razón para que nada funcionara con él. El siempre pensó que yo era la inmadura, quién lo puede creer.

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