Incertidumbre

Eran las 9 de la noche cuando me llamó Javier. Estaba con mi hermana viendo Netflix y ella contesto. Me puse muy emocionada, me invitaba a cenar. Bien, le dije. A cenar, dijo mi hermana, son las 9, tu ya cenaste. Igual, le comenté. Estoy prendida de ese hombre.

Entre corriendo al cuarto y me vestí con rapidez. Medias de liguero, tacones, falda negra, blusa oscura y me agarre el pelo rápidamente.

Vas a una cita, dijo mi hermana al verme. Debe llevar ropa sexy, así pareces una empresaria intransigente.

Ah, ya no da tiempo, baje corriendo, le dije que no fuera echar llave y que trataría de no hacer ruido al regreso. Vas a regresar, pregunto ella.

Me subí al carro con una cara de felicidad que no cabía. Lo primero que le comenté fue que lo había extrañado. Que me hacia falta. Y cometí la indiscreción de confesarle que me estaba enamorando.

Al ver su rosto de susto, le pregunte ¿qué mi hiciste? con toda ingenuidad del mundo y él todo un caballero me contesto con un agudo doble sentido del humor con un “hasta ahorita nada”.

Al final de la noche no se animaba a llevarme al motel. Así que lo lleve a mi apartamento. Ahí hicimos el amor y tuve un orgasmo sonoro que despertó a mi hermana. Después nos quedamos abrazados un rato, hasta que me dijo que tenía que irse.

Se vistió, mientras le rogaba que se quedará.

No quiero que te vayas. Por qué no te quedas, le pregunte.

Hoy no puedo contesto. Me dio un beso y antes de salir del cuarto me prometió que no me haría daño. No dije nada, pero comprendí su respuesta.

Mi hermana estaba en la cocina con un té. Nos vio salir del cuarto y le pregunto si quería tomar algo. Yo los presente.  El acepto un té, también. Mi hermana nuevamente le pregunto por qué no se quedaba.

Se sonrió, quizás por educación, quién sabe que pasaba por la mente de ese tipo en esos momentos, pero no dijo nada, tomo sus cosas, me dio un beso y se marchó.

Lo acompañe afuera y al darme otro beso me dijo lacónicamente, algún día amanecemos juntos.

Si tal vez, respondí sin mucho entusiasmo.

Esa noche sentí el deseo y la pasión fundirse con la desilusionante incertidumbre que provocan las citas casuales.

Ahí comprendí aquella promesa que hice: de incertidumbre no lleno mi vida.

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