Imprevistos

recto-704x400Me levante justo antes de qué sonará el despertador. Ese día era especial y estaba ansiosa. Tomé el control del televisor para sintonizar las noticias. A pesar del ruido, mi marido roncaba al otro lado de la cama, sin darse cuenta de mi actividad. Tomé un baño para despejarme y pensar en algo, pues no puedo quitarme de la cabeza a Javier.

Pienso y repienso lo que hubiera pasado si Alma no hubiera entra justo cuando Javier me intento besar. Fue embarazoso y frustrante al mismo tiempo. Yo, más que nadie deseaba ese beso. Pero Javier se frenó después: “no debemos dejar que pase, todos saben que somos casados”, me dijo antes de irse de la fiesta. Lo que más me inquieta es lo que hubiera pasado después y hasta donde estoy dispuesta a llegar, sin importar más nada.

Ernesto, mi marido ya está despierto. Me ve salir de baño con mi toalla pegada al cuerpo y me sigue, viendo como busco la ropa para ese día. Voy a la cocina y preparo café. Regreso para vestirme, cuando veo a mi marido desnudo y con ganas del mañanero. Hace tiempo que no tenemos sexo temprano. Fue rápido, sólo para complacer.

Llegó justo al trabajo. En la puerta encuentro a Javier. Me mira de pies a cabeza sin reaccionar a mi saludo. Ya en el ascensor reacciona, justo cuando nos quedamos sólo antes de bajar.

– Había pensado invitarte a almorzar….. me dice.
– No puedo, tengo mucho trabajo, le respondo.

Antes de salir del ascensor lo encaro y de forma brusca le doy un beso. De esos besos apasionados, moribundos, necesarios. Responde con caricias algo confusas, pero responde.
Nos acomodamos en el sofá de mi oficina. Acabo de tener sexo con mi marido, pero se me antoja Javier.

– ¿En qué estás pensando? – Me pregunta mostrándome su perfecta sonrisa.

En ti, desnudo en mi cama, le respondo.Se avalancha sobre mi, cuando en eso suena el teléfono y de nuevo todo se desvanece.

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