Historias de #QuedateEnCasa

Mi novio llegaba antes de las doce, trepaba por el poste de alumbrado público, se subía por la cornisa y entraba por la ventana de mi cuarto. Sin hacer ruido, cogíamos hasta el cansancio y nos quedamos dormidos, con el oido puesto a cualquier ruido por si mis padres que dormían en la habitación de abajo nos escuchaban. Pasamos casi todo el invierno cogiendo por las noches, cuando la calle estaba desierta y el podía trepar hasta mi cuarto. Mi padre siempre se quejaba que cuando salía, había un carro, que no sabía de quién era, pero siempre estaba ahí.  El esperaba que mi padre se marchará al trabajo, a eso de las cinco de la mañana, para coger el mañanero. Que yo le decía el rápido, puesto que mi madre ya estaba despierta y en cualquier momento podía llegar a mi cuarto. Después de eso, me bañaba, me alistaba para ir al trabajo y apuraba a mi madre en la cocina, para que ella se fuera a bañarse. Siempre se iba conmigo y la pasaba dejando al trabajo, por las tardes mi padre la recogía. Cuando ella se metía al baño, mi novio bajaba y se marchaba. Mi padre siempre dejaba la puerta sin llave, así que nunca hubo ningún inconveniente. Pero con el toque de queda, esa situación se complicó. La cuarentena sexual me pasaba factura. Coger casi todos los días tiene sus beneficios. Así que un día, me arme de valor y le conté a mis padres que tenía novio y quería que fuera algo oficial. No vieron ningún inconveniente y lo invitamos. Pero de pronto me recordé que mi padre iba a identificar el carro y se iba a dar cuenta que todas las noches la pasábamos juntos. Así que de última hora cancelé el almuerzo que mi madre había preparado. Decidimos que yo lo llevaría, el siguiente fin de semana. Y para fortuna, mis padres encantados. Ya estas en edad de que formalices algo sentimental, me dijo mi madre en una ocasión. La rutina nos cambió. Ya no trepaba por la cornisa, ahora tocaba, pero no tenía mucho tiempo, así que siempre llegaba rapidito y a veces no había tiempo para coger. Un día le dije a mis padres, que él se iba a quedar ahí, porque no tenía como regresar. Estuvieron de acuerdo. Mi madre le acomodo el cuarto de mi hermano, a pesar que ya todo el mundo en la casa sabía que estar encerrados en mi cuarto no era para jugar monopolio precisamente. Así que después de las 10, me iba al cuarto de mi hermano para coger con mi novio. Así fue nuestra cuarentena. Hasta que un día él llego con síntomas de bronquitis, fiebre y malestar, sin tos. Fuimos al centro de salud y a partir de ahí, todo se complicó. NO había pruebas, pero lo remitieron a cuarentena a Villa Nueva. No tenía el virus pero mis padres me prohibieron verlo. El se desespero y nunca más regreso a casa.

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