Historia de viejos amores

gfgEmpezamos a salir por capricho mío. Él era 34 años mayor, y tal vez por eso me provoco tanta curiosidad. Desde el principio me sentía atraída por su personalidad, pero también influyo el hecho que era un señor bastante guapo.

En mi casa mi padre me dejo de hablar. Mi mamá intento sin éxito comprender mi comportamiento. Mi hermano se burlo todo el tiempo y mis hermanas nunca tocaron el tema, pero dejaron en claro su desagrado. Hasta mis amigas más cercanas me cuestionaron: ¿Cómo te acuestas con ese viejo verde?, me dijo una.

Efectivamente era un viejo verde, pero además, era un patán, morboso y mañoso.
Pero su morbo se transformaba en innovación en la cama. A ver si me explico mejor, a mi corta edad y con mi poca experiencia, sus formas y sus propuestas para encontrar el placer me provocaban una enorme excitación y me sentía más atraída por esos aspectos que no encontraba en chicos de mi edad.

La primera vez, fueron sus propuestas indecentes lo me despertó esos deseos por estar con él que prácticamente fui yo quién lo seduje. Eso abrió todos mis sentidos y me dio bastante confianza.

Me acuerdo bien que en esa ocasión fue bastante rudo y sucio. Provocativo. Excitante. Pero nunca vulgar. Como dicen, me abrió el apetito sexual.

Durante dos años y medio pase los fines de semana con él. Todos los viernes llegaba y me quedaba los tres días haciendo el amor. Era una especie de retiro sexual que disfrutaba como no tienen idea. El domingo por la noche regresaba a casa y al sufrimiento de soportar a mi familia. Pero regresaba satisfecha, entera y con ganas de regresar a su lado.

En esos encuentros aprendí a disfrutar mi desnudez. A él le gustaba que me despojara de la ropa y que durante todo el día anduviera desnuda. Le excitaba verme así. Puedo tocarte todo el tiempo se justificaba. Y me acostumbre, era una forma de estar en libertad.

Casi no salíamos. Le emputaba que me confundieran con su hija. Entonces prefería estar en casa, tomando, viendo televisión, haciendo el amor y cocinando. La cerveza, el ron y el sexo eran, en ese orden, parte de sus prioridades diarias. Después le enseñe a fumar, hasta que se envicio.

Siempre me proponía cosas. Qué te parece si hoy te amarro y te provoco orgasmos con mi lengua, me dijo en una ocasión. Y ahora, te gustaría probar el sexo anal. En fin, me proponía cosas de ese tipo. Claro eso provoco que muchas de mis fantasías se activaran, y que se las compartiera le excitaba muchísimo.
Vamos, le dije una vez, salgamos y me haces el amor en el carro. Cuando se lo dije se sonrió. Pero hay niños jugando ahí, y las vecinas, se que esas cosas te importan, me dijo. Ah¡¡ qué importa. Siempre espere por esto, le dije. Y lo hicimos.
Con el tiempo, sus ganas seguían intactas, pero su físico ya no ayudaba mucho. Para no sentirse mal comenzó a tomar viagra, pero su organismo acusaba el desgaste que implicaba satisfacer a una veinteañera exigente y fogosa. En una ocasión, preparo una cámara de video en el cuarto sin que yo supiera. Y nos grabó cuando hacíamos el amor. Lo hicimos de mil maneras distintas, como quién repasa las formas más diversas del camasutra. Después terminé usando el vídeo para masturbarme.
Poco a poco me fue introduciendo a un círculo más perverso que él, para paliar un poco su falta de fogosidad en la cama. Una de sus fantasías era verme coger con otros hombres. Por eso me propuso participar en una orgía. Un viernes por la noche estaba una pareja en casa. Quería que hiciéramos el amor. Pero dije que no. No estaba preparada.
Luego busco a uno de los prostitutos que posan en la quinta avenida, y le pago para que estuviera conmigo. Tampoco accedí. Después me convenció de ir a una barra show y pagar por una puta. La llevamos a casa, y la idea era que cogiera con ella, pero no pude. Entonces se la cogió el. Lo que me provoco un enorme disgusto, pero continúe con la relación.
En esa ocasión me di cuenta los afectos que tenía hacia ese hombre. A pesar que estaba disfrutando a otra mujer, me sentí feliz de estar ahí con él. Me había enamorado.
Pero las cosas se ponían más tensas entre nosotros. Yo quería mudarme con él a su casa. Convivir como pareja. Estar siempre juntos y dejar mi casa. Pero nunca acepto. No quiero me dijo a secas.
Otro forma de tensionar más la relación eran sus exigencias sobre el sexo. Una vez me había dejado tan excitada, que llamo al vecino, y sin que yo lo supiera le pidió que me hiciera sexo anal. A partir de ahí, asumí que ya no había retorno. O seguía y aceptada todo lo que pudiera venir, o me largaba de una vez por todas. Y me largue.
Después de un año, lo visite varias veces. La última vez, estaba con una chica más joven que yo, quién en ese momento ya ocupaba mi lugar. Hablamos toda la tarde, mientras la chava dormía. Me dijo cosas bonitas, lo cual me hizo bien. Yo le confesé que me había enamorado de él. Que había sido muy difícil dejarlo. Nos despedimos con un beso y la promesa de mi parte que regresaría un fin de semana para que me hiciera el amor.
Pasó el tiempo y no volví a saber nada de él. Yo hice mi vida y me casé.
Un día, su hijo Jorge, me llamó para contarme que su padre había muerto.
Murió solo, en casa, me dijo.
No supe si llorar por él y su vida, o por mí.
Según me conto Jorge, murió por una sobredosis de viagra.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *