Hay cosas que una no se puede perder

Crecí en un barrio bastante conservador y tranquilo, de esos en donde por las tardes, nunca faltaba un grupo de amigos que jugaba a la pelota o pasaba tardes enteras escuchando música ochentera.Yo estaba por alcanzar la pubertad y veía de cerca como los jóvenes intercambiaban discos y luchaban por lucir muy bien de acuerdo a los estándares de la moda que imperaba.
Mis tíos estaban en ese grupo, una de mis tías tenía un novio, muy atractivo en ese entonces, un adolescente extrovertido. De reojo pude darme cuenta que René (así se llamaba el novio de mi tía) apreció mi crecimiento. Poco a poco desarrollé mis pechos y caderas y todo frente a sus ojos.
Sin embargo yo sentía que no lo soportaba “por mañoso” dirían las abuelitas. Pero en las noches, no podía evitar algunas fantasías, como besarlo y salir corriendo, cosas por el estilo.
Recuerdo que una vez se fue la luz y todos estábamos en la calle. El cielo tenía muchas estrellas y yo estaba a su lado en un grupo que contaba historias de miedo. Sentir sus roces involuntarios fue suficiente y creo que me enamoré.
Tuve que espiarlos cuando en el portón se besaban, vi como sus manos descubrían los pechos de mi tía y juro que conocí a esa edad la exitación sólo de verlos cuando se recorrían en los lugares donde supuestamente nadie los vería.
El tiempo pasó y ellos terminaron, no recuerdo bien el porqué, sólo que ella lloró muchísimo.
Eso fue hace 25 años y bueno, Facebook es maravilloso, encontré a René, muy cambiado por supuesto, ya no es joven, pero lo hace delicioso…

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