Fisiculturista

Un tipo enamorado de su cuerpo, me enamoró. Comenzó como rutina, dentro de los ejercicios cotidianos que tienen en el gym. El por su lado, yo por el mío. Sin embrago no pude fingir que no miraba su desarrollo. Su rostro era cautivador, pero su cuerpo era galáctico. Casi 1.90 de estatura, con una musculatura digno de mister universo y unos ojos hermosos. Fui yo quién lo buscó. Mi cuerpo es bonito, pero nada que se compare con esos músculos. Mido 1.62 y apenas peso 112 libras. A pesar de eso, le guste. Y comenzamos a salir. Y mi madre puso el grito en el cielo. Qué haces con ese animal. Te va a destripar. Esos fueron los dimes y diretes que encontré en casa. Afuera los cuentos eran otros. Cómo lo hacen, se la come todita, seguro que la pone en cuatro. En fin, esas idioteces que la gente dice y lo peor, se cree. Lo cierto del asunto es que mi cuerpo no era una prioridad para aquel tipo que se amaba a si mismo.  Tomaba esteroides y hacia ejercicio hasta desfallecer. Sus músculos tenían la grasa necesaria para continuar viviendo, ni más, ni menos. Y eso me gustaba. Disfrutar cada parte de su cuerpo era un descubrimiento cotidiano. Besar esos pectorales, acariciar su espalda, sentir sus piernas y sus pechos era todo un tour diario de éxtasis y orgasmos garantizados. A pesar de todo era un tipo cumplidor. Eso que dicen que los chavos que hacen fisiculturismo no les funciona por los esteroides que toman es puro cuento chino. El tipo funcionaba a la perfección y lo mejor, tenía un pene a la altura de su tamaño y porte. El sexo nunca fue su prioridad, pero le gustaba que yo jugara con su cuerpo, se excitaba ver mi diminuta figura escalar por todo su cuerpo y sentir como me excitaba con solo acariciarlo. Era todo un ritual en donde él era un tipo pasivo que esperaba que yo me hiciera cargo de todo. Y lo hacia muy bien, hasta asegurarme que terminará satisfecho y yo extasiada de tanto placer. Pero dicen que todo lo bueno se termina. En las giras, en los eventos, siempre lo acompañe. Todo el mundo sabía que yo era su novia. Pero en ese ambiente eso importa poco. A él menos, que no se podía distraer. Y así como llegue yo, llegaron otras más, con el mismo porte que él, entregadas al ejercicio y adoración de su cuerpo. No podía competir con eso, así que tuve dos aventuras con otros chicos fisiculturistas antes que él fuera seducido por otra chica más guapa. Pero eso nunca sucedió. El me fue fiel, o quizás, solo quería lucir su cuerpo, mientras mi cuerpo lo usaban sus contrincantes como garantía de que yo estuviera bien.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *