Fiesta en casa ajena

Su casa es limpia, amplia, con un jardín enorme, de esos que ya no se ven en los nuevos condominios.

Toqué el timbre y un chavo salió con una playera blanca, en sandalias y una pantaloneta de los Knicks de Nueva York.

Me fije mucho en su pies, estaban mejor cuidados que los míos, y su look juvenil me encantaba.

Quien eres le pregunte.

Ah, dijo, soy Carlos, porqué. Ah, busco a Chepe. Si pasa, dijo, amablemente.

Pero, aquí es la casa?. Si mujer, pasa, que no te voy a comer.

Ya quisiera que eso pasara, le conteste.

Mi frase despertó la inquietud en aquel muchacho guapo, que desde ese momento se insinuó con más descaro. Y después de tocar el hormiguero, me hice de rogar.

Chepe llego y las cosas volvieron a la normalidad.

En la noche, hubo fiesta y poco a poco fueron llegando amigos y desconocidos.

Esa noche sus besos me supieron a poco. La adrenalina comenzó a fluir y deje a Chepe y busque a Carlos.

Pensé que, con esa pinta, iba ser más mañoso y resulto siendo más poético.

Hicimos el amor en la cama del Chepe, sin descanso, con música de fondo y la mirada atenta de otra pareja que pernoctaba en ese cuarto en busca de privacidad.

Cuando el Chepe reaccionó y me busco, había logrado alcanzar los orgasmos más estruendosos de mi experiencia.

Chepe me llevo atrás, sin saber que ya estaba más que satisfecha. Quería coger y comenzó a manosearme toda. Pero, como dije ya estaba más que satisfecha.

Sentados en una silla desplegable, sobre un cielo despejado y al lado de una piscina, Chepe metía sus manos en mi vagina y la humedad no se debía a mis ganas, sino al Carlos.

Comencé a excitarme cuando Carlos salió a fumar por la ventada y nos vio. Entonces mis fluidos se desbordaron y le hice el amor al Chepe, pensando en el Carlos.

Una manera no muy sutil y nada elegante de excitar y darle celos al galán de la noche.

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