Fetiches

Me acosté con él por sus nalgas. Me gustaban tanto, eran tan hermosas que pasaba las noches alucinando con ellas.

Su piel oscura y sus labios gruesos eran otros componentes de su cuerpo que me ponían en urgencia. Cuando palpaba sus nalgas, la humedad en mi cuerpo era signo de urgencia.

Con ese hombre sentí esas formas colaterales de lograr orgasmos mentales, muchas veces sin tener una penetración previa.

A él, le gustaban mis pies. Los tomaba con sus manos grandes y los acariciaba tanto, que lograba la erección en segundos.

Ambos compartíamos esos lindos fetiches y ambos compartimos esas formas maravillosas de lograrnos para la eternidad.

Cogimos por espacio de dos o tres años. Hasta que sus nalgas fueron de otra y mis pies se posaron en otros regazos.

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