Expectación

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Era mi fiesta de cumpleaños. De esas celebraciones que te inventas cuando quieres celebrar y tus padres terminan pagando los excesos.

Había invitado a Raymundo y medio mundo. La mitad de la concurrencia eran unos ilustres desconocidos.

De pronto, se apareció un grupo de muchachos, buscando alcohol y conecte. Se ubicaron afuera de casa, en una acera con bordillo y lámpara de bajo consumo.

Una amiga de ellos llamada Iris, me llegó a preguntar si les podía mandar algo de tomar.

Fui a ver quiénes eran. En serio que no conocía a nadie. Iris me los presentó.

-¿Cuántos estás cumpliendo? -preguntó uno de los inoportunos.

-Diez y ocho –dije, cuando en realidad eran 17.

-Perfecto -dijo-, ven conmigo, vamos a bailar, te haré pasar una noche increíble.

Al principio me dio miedo tu atrevimiento. Después tome confianza, al comprobar que eran amigos de mi hermano. Además, el tal German bailaba de maravilla.

De pronto me comenzó a gustar las cosas que me decía, los susurros en mi hombro y el desafío que representaba robar a la chica del cumpleaños de su propia fiesta para divertirse en una conquista que resultaba siendo arriesgada y excitante.

Fue tan abrumadora su presencia que esa noche nunca me separé de él. Después el cazador resulto casado por su presa.

Vení le dije. Te voy a enseñar mi cuarto.

Sorprendido, me tomo la mano y me apuro.

Tranquilo, loquito. Que no vamos a eso que pensas, le advertí.

Y efectivamente, no paso nada. Hasta el otro día.

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