Ex novio

Tengo media hora viéndolo desde el segundo nivel del centro comercial. Se encuentra solo, almorzando en una mesa del fondo. Tiene una pequeña sonrisa, de la cual me había olvidado. Hago reminicensias y siento aún el cosquilleo que me provocaban sus besos. No sé, pero me pasa que aún ahora no lo puedo olvidar. Por un instante veo mi teléfono y cuando regreso la vista a la mesa ya no está. Se ha marchado y eso me permite retomar mi cotidianidad. Bajo por las escaleras electricas del centro comercial al sótano 2, buscó mi auto y por casualidad lo encuentro de nuevo. Nos hemos reencontrado de casualidad, me dice. Pero quizás no. Se me acerca y me saluda. Hola, qué tal, contesto. Pues bien, aquí, me responde. Y tú, me pregunta. Pues muy bien, le digo. Un insesante intercambio de saludos que me pone nerviosa. Ahora que ya se que estás muy bien, dice, te daré un beso. Pienso de inmediato que mis defensa a esas insinuaciones se pueden descontrolar y entonces le advierto, pero tengo novio. El se sonrié y me aclara que es un beso de saludo, en la mejilla. Me delato, no quiero ese clase de besos, pero me acerco para saludar y me besa. Un beso interminable, y cuando termina, le digo de nuevo que tengo novio. Pero no sin fingir nada, le beso de nuevo. Me toma del pelo, como me gustaba antes y suspiro. Me odiaría si no aprovecho la oportunidad y le preguntó si nos vamos en su carro o en el mío. Más o menos cuatro horas después regreso y me siento mal por lo que hice. Mi novio me llama, afortunadamente, ya me despedí. Le contesto con un mi amor, que lo escucho falso. Salgo del comercial, paso por él y me meto en el motel del que acabo de salir, el mismo cuarto, que aún tiene el rotulo de “en limpieza”. El se sorprende. Tengo ganas de ti, le digo. Pero en el fondo, quiero quitarme la culpa

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