Estúpido y orgulloso

Un domingo temprano, recibí un mensaje en el Messenger. Conteste de inmediato, sin reparar quién era. Así fue como inicié una relación con él.

No tenía experiencia en esos intercambios cibernéticos. Y no sé porque me deje llevar. No había foto de portada que lo identificará. Pero su plática era agradable. No había morbo, tampoco acoso, ni referencias comunes como “linda”, “guapa” o esas cosas desagradables.

Después de ese día, hablamos más seguido y al poco tiempo puso una foto. No era guapo, pero tampoco feo. Un tipo común, con un rostro simple, pero una mente activa y una plática cautivadora.

Una noche, ya tarde, le hable. Era tarde y sin sueño, me vinieron muchas cosas a la mente y coquetee con él descaradamente. Me gustas, le puse. Sos directa y sin rodeos, dijo. Esa noche estuve tentada de mandarle una foto enseñándole mis partes íntimas. Estaba caliente, y se lo insinué.

Después pasamos casi una semana sin conectarnos. Ni él me mando mensajes y a mí se me olvido que existía. Un día apareció un post en su muro adoptando una pose de orgullo y machito de pelea: “yo hablo si me hablan, contesto siempre, si no los borro”.

Quizás una indirecta, pensé. Le mande un hola con emotion cursis. No me respondió. Yo iba de prisa y tampoco esperaba nada. En la tarde, mi ego se molesto al no tener respuesta. Quiere ser dominante, dije entre mi. Así que le escribí, no me acuerdo qué le puse, pero su respuesta fue inmediata.

Por la noche nos volvimos a conectar. Y las cosas cambiaron, yo deje de ser directa y él se convirtió en el típico chico vulgar que saca todo su repertorio morboso como cualquier otro estúpido.

“Mamita, que te gustaría hacerme”.  “Sabes soy un semental. Puedo hacerlo bien, y tengo tanta energía que te puedo acabar en una tarde, si deseas”.

Vaya cabrón, pensé. Mi interés bajo. Tampoco iba acóstame con él, pero era agradable tener conversaciones inteligentes con él. Sólo quería conocerlo. Saber que pensaba y hablar fuera del facebook. Pero ahora, ni eso. Mentiroso y caprichudo al inicio, patán y fanfarrón al final. Un triste final para tan poca sustancia.

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