Envidia

Mi amiga Karla, después de su divorcio se enrollo con un chico de 17 años. Lo conoció en la fiesta de 15 años de su hija y lo sedujo tan rápido que pronto lo tuvo en su cama. Lo que comenzó como una forma de venganza contra su ex esposo, se convirtió en un romance que ya dura tres años.

Es tan romántico, me cuenta, pero al mismo tiempo es una fiera cuando de satisfacerme se trata, que nunca pensé que podría lograr esos niveles de excitación, agrega. Yo le enseñe todo lo que sabe sobre el sexo, me dice. Era virgen, pero ahora es experto. Me provoca multiplex orgasmos y es tan resistente y potente que puede durar lo que uno le pida, exclama orgullosa de su proeza.

Karla me lleva tres años, pero hemos crecido juntas y somos amigas de verdad. Sus hijos son como míos. Yo comencé una relación a los 28 años, pero las cosas no duraron. Vivimos juntos tres años y afortunadamente no tuvimos hijos, así que nuestra separación no fue tan conflictiva con la de Karla. Después comencé a salir con algunos hombres, pero nunca volvía a vivir con alguien. Así que cuando supe lo de mi amiga, me alegré por ella, pero al mismo tiempo, me dio algo de envidia y comencé a sentir la necesidad de tener un chico joven para mí.

Los fines de semana, cuando Karla no sale con el chico, yo llego a su casa y nos la pasamos bien. Cuando el ex marido se lleva a los niños y ella está en casa, salimos, vamos al cine, viajamos, nos divertimos juntas. Un sábado, su chico salió con otros chicos de su edad y nos quedamos solas en su casa, comiendo queso con aceitunas y tomando vino.

Ese día, casi a media noche, recibió una llamada de su chico. Me dio bastante risa y al mismo tiempo morbo, cuando cada quién le recriminaba al otro su accionar. Tú me dijiste que no saldrías, le dice ella comportándose como una adolescente más. La situación sube de tono y ella le reclama directamente. Me mentiste Javier. Acaso son celos, le pregunto.

El y sus amigos están tomados, me dice. Y quiere que llegue por él. Me acompañas, me pregunta. Con la curiosidad del caso, acepto. Llegamos a un sitio con amplio parqueo de la zona 10. Ellos están afuera. Tomando cerveza. Está él, un amigo y otra chica. Ella esta bastante ebria. El otro amigo es muy guapo.

Saludamos, ella besa a su chico y yo me siento desenfocada. El mesero lleva la cuenta. Mi amiga paga. Como siempre lo hace, según me cuenta. Por eso la insistencia en llamarle. El amigo se aprovechó y pidió más cerveza. Mi amiga se molesta, pero le dijo que sí. Así que después del vino tomo cerveza.

La chica ya no podía más, dio un sorbo y dijo basta. El chavo guapo, en confianza me pidió otro litro de cerveza. Yo estaba bien, pero me sentía ya mareada y me dejé llevar, claro que le dije que sí, solo si él pagaba. Saco un billete de 100 y ordeno dos litros. Mientras tanto mi amiga se besuqueaba como quinceañera con aquel chico.

Nos tomamos los dos litros y de inmediato me dieron ganas de ir al baño. Estaba cruzada. El mesero me advirtió. Que estaban limpiando y pensó que iba a vomitar. Le levante el dedo, estaba algo borracha a esas alturas que poco me importaba vomitar en la entrada de aquel bar. Pero no lo haría, antes muerta que sencilla.

Al salir el chico guapo me esperaba en la puerta. Bueno, estaba esperando entrar al baño a orinar. Era un callejón largo y al fondo a mano izquierda estaba el baño de mujeres y a la derecha el de hombre. Entra aquí le dije. Casi ya no había nadie en aquel bar, estaban por cerrar. Dijo que si, y paso sobando su cuerpo con el mío. Entonces lo introduje al baño y le di un beso.

No fue difícil, más bien me sorprendí de lo bien que se dejó y de mi arrebato del momento. Metió su lengua entres mis labios y me tiro sus brazos atrás de mi y me sentí a gusto. Pero el mesero llego y nos advirtió. Deben salir, estamos por cerrar. Se saco su pene y orine a gusto, mientras lo observaba con ganas de chupárselo.

Al terminar se lavó las manos, me tomo del brazo y me llevo a la barra. Pide dos tequilas y me hace brindar por habernos conocido. Luego él me da un beso. El primero de la noche. Creo que el mejor. Pide otro tequila y me sigue besando. Entonces le advierto que no tiene por que embolarme para acostarse conmigo. Lo mejor de mí, está al natural, le digo. Pero el trago es para satisfacer su ego de macho joven. Y nos lo tomamos de un tiron.

Esos juegos raros me despertaron las ganas de liberarme. Continúo besándolo. Su lengua se llena de mi saliva y el bar tender nos observa. En aquel sitio ya solo queda una pareja y nosotros. Pido otro tequila y el bar tender nos advierte que es el último. Acepto y va para dentro. Sus manos ya no están sobre mis piernas, en realidad están buscando entre mi falda mi vagina, y yo no opongo resistencia, con mis piernas lo engullo mientras bebo el tequila y lo beso. Dejo que explore, que sus manos se mantengan calientes entre mis piernas. Le doy el dinero en efectivo para que pague los dos tragos y me da otro beso.

Mi amiga sigue besándose con el novio en las afueras del bar. La chica se funde literalmente y se tumba sobre la mesa. El mesero llega y recoge todo y nos advierte que están cerrando. Para todo ello, mi amiga era la única que estaba sobria, pero el novio la tenía del tingo al tango. Él se fue a orinar en los jardines. Yo le hablaba a la chica y esta no respondía, estaba a punto de desmayar. Mi amiga continuaba recriminando a su pareja. Cuando un policía se nos acercó. Deben salir de aquí, dijo.

Pensó que mi amiga era su madre, así que se porto más comprensivo. Comprenda señora, le dijo, a mi me regañan si los clientes vienen al parqueo a orinar y vomitar. Para eso tienen los baños adentro. El chico guapo se puso altanero y comenzó a discutir. Yo lo contuve, cálmate, le dije y lo tomé del brazo y me lo llevé a otro lado.

Accedió y me abrazo, más en confianza. Ellos discutían. Mi amiga es sensata y comprensiva, así que el policía no hizo más clavo. El chico, me dijo que era linda, me dio otro beso, susurrando cosas en el oído y me provoco la piel erizada. Otras personas salían y retiraban sus carros, mientras él, me metía mano con descaro y sin contemplaciones. Me imagino los comentarios de la gente, pero estaba pasándola bien.

Eres tremendo, le dije. Entonces me abrazo, así soy. Me toco las nalgas y me dijo que las tenía duras, aún. No seas pendejo, le conteste. Me pidió disculpas, me tomo mis manos y las beso con ternura buscando mi perdón. Lo vi y le di un beso, mordiendo sus labios. Entonces llevo mis manos a su pene. Estaba duro y sentí una extraña sensación de ganas por tocárselo. Así que metí mi mano entre sus pantalones y comprobé que estaba dura. Mi amiga nos bocinaba. Debemos irnos. Los meseros nos miraba y yo con mi mano entre sus pantalones no me quería ir.

Entonces me tiro el brazo y me llevo abrazada a traer a la chica. Ella no estaba en condiciones de nada. Los subimos al caro como pudimos y la metimos a empujones. Estaba entrando al mundo desconocido de los sueños etílicos. El otro chico comenzó a tocarme y llevo mis manos a su pene. Lo comencé a masturbar. Una romance no, dije, pero un encuentro casual, tal vez.

Durante el camino cada quién se dedicó a lo suyo. Mi amiga hacia las paces con su novio, el chico guapo me metía mano y me excitaba. Comenzó a besarme. Mi amiga miraba de reojo, por el retrovisor toda la escena. Sus manos me tocaban las piernas y subían hasta mi vagina. Yo abría más las piernas y lo tocaba también y su pene estaba afuera, erecto entre mis manos. Casi me desnuda en aquel carro, pero llegamos antes a casa.

Estaba agresivo, pero controlable. Como pudimos la chica se bajó del carro y la llevamos a la sala donde se tiro sobre el sillón a dormir. Mi amiga y su novio subieron al cuarto a coger y yo me quede a solas con el chico guapo. Lo tome del cuello y le estampe uno de los besos con mas deseos que jamás le haya dado a alguien.

Lleve sus manos a mi cuerpo y lo oriente para que tocara aquellas partes que más me excitaban. Deje que sus labios mordieran mis pechos y que sus dedos entraran en mi vagina de manera ruda. Mientras tanto afloje mis prendas para quedar desnuda y en cuestión de segundos estaba solo en tanga, sin zapatos, ni ropa.

Sus besos me tenían capturada, pero como pude desabroche su pantalón y cuando pude tocar su pene, cumplí mis deseos y se la chupe con ganas. Vi como su rostro cambiada de expresión siempre que fusionaba mi lengua con su pene justo en su punto más ardiente.

Fue una extraña sensación de placer. Un chico de 20 años, desconocido y borracho me estaba excitando como nunca antes lo habían logrado otros hombres más experimentados.

Desde que tome la iniciativa de besarlo, supe que sería mío esa noche. Lo deje que explorara mi cuerpo, desnudo para él, ahí entre la sala y el comedor, parados, en la penumbra de la noche, escuchando los gritos de placer que le provocaba su amigo y a mi amiga.

Se sintió bien. Le lleve sus manos a mis pechos para que los tocara, que jugara con ellos y como pude me baje la tanga que llevaba, solo le quedaba disfrutar. Me acorde de las cosas que mi amiga me había contado, de cómo los chicos de esa edad, se vienen rápido al principio, pero son tan potentes que pueden pasar toda la noche intentando hacerte feliz.

Pero yo ya era feliz, estaba a punto de estallar de placer. Y lo mejor, me gustaba tener el control, el dominio de todo, llevar el ritmo, marcar los tiempos, las formas y orientar a la otra persona sobre las cosas que debía hacer. Y así lo hizo. Todo el tiempo, dejo atrás su planta de macho dominante y se postro conmigo como hombre que busca satisfacer plenamente a su pareja.

Así cuando supe que estaba lista para explotar, me di vuelta, con mi mano guie su pene a mi vagina y con unos movimientos sencillos me penetro. Observé su rostro por el espejo de la sala y vi como su expresión denoto asombro. Su empuje era como lo había descrito mi amiga, desenfadado, con fuerza, sin ritmo, pero con ganas. Le indique que tenia que tocarme los pechos y besarme el cuello. Era más que una indicación, era una orden que cumplió a cabalidad.

Luego, me di vuelta, le di un beso y me subí sobre el comedor con las piernas arriba. Estaba listo para penetrarme, pero lo frene, tome su cabello y lleve su rostro a mi vagina, le enseñe donde estaba mi clítoris y le ordene que me lo chupara. Su lengua comenzó a lamer y de pronto logre un orgasmo rico, pero no lo deje marcharse tan rápido, quería más así que lo presione con fuerza para que siguiera. Mi estrategia era que su pene se relajara un poco y pudiera durar más tiempo.

Cuando estaba a punto de explotar de nuevo, entonces lo retire. Me dio un beso y sentí el calor de mi cuerpo y el olor de mis deseos. Entonces, subí mis pies y los puse sobre sus hombros, ya en posición para que me embistiera. De nuevo entro sin contratiempos, hasta el fondo y comenzó con sus movimientos rudos, bruscos, sin ritmo. Con mis pies en su rostro, se los metía entre la boca y los besaba con cierto extrañeza, quizás sin gusto, pero yo lo disfrutaba. Me canse luego, por lo frio de la mesa y lo duro de la madera. Me di vuelta y me recosté sobre las paredes para que me penetrara, ahí parada en medio de la sala. Dale, le dije, métela.

Ahí comprobé que un chico así, deslumbrado por un cuerpo y una mente abierta, no tiene la experiencia que dice tener, ni las agallas de las que hace gala cuando está en otro contexto. A solas, en aquella casa, la iniciativa se había desvanecido y el ímpetu que yo tenía le hacía sentir mal. Cómo una mujer puede tomar la iniciativa, ha de pensar. Así que se vino.

Se retiro y se fue al baño a limpiarse. Y ahí llegue de nuevo. Dámelo le dije, le eché jabón y agua y se la lave. Me senté en la tasa del baño y una vez limpia comencé a chupársela nuevamente. Hasta que tuvo otra erección.

Me penetro estando parados. Pero no lograba sentirse a gusto. Así que buscamos otras posturas. Sentí por un momento que estaba a punto de venirse nuevamente, así que aproveché para cambiar de postura, ya estaba cansada, entonces se sentó en la silla y me puse encima de él, penetrándome lentamente. Así me quede para evitar que tuviera una eyaculación nuevamente. Mientras eso pasaba, la chica estaba aún en el sillón sin enterarse de nada.

Mientras le hablaba, le escanee el rostro por completo y pude notar que aún era un niño bonito, que esas eran sus primeras experiencias y me sentí redimida y alegre, por ser quién le enseñara el arte del buen sexo. Comencé desplació, mientras le orientaba para que tocar mis pechos, apretujara mis nalgas y me besara al mismo tiempo. Yo desdibujaba su rostro y no dejaba de ver sus ojos tiernos de adolescente.

Hasta que me canse, me llevo al sillón, a la par de la chica ebria que dormía a mas no poder y me acomode para que me penetrara de nuevo. Comenzó con rapidez, como queriendo terminar luego. Ya estaba lista así que no me importo. Comencé a gemir, cada vez con más fuerza y mis gritos iban en aumento, hasta que la chica se despertó y se dio cuenta de lo que hacíamos.

Era la novia del chavo. Y si me sentí mal. Mi amiga bajo de inmediato a la sala, al escuchar el relajo y me dijo “cómo puedes hacer esto, son unos niños.

Después nos reimos a mas no poder. Ellos hicieron las paces, él nunca más quizo nada conmigo y mi amiga termino con el chico y regreso con su ex.

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