Entre la culpa y el ron

1Cuando entre en aquel motel era por qué así lo deseaba. Pero no estaba segura si mi acompañante estaba en la misma sintonía.

Me caes bien, me dice como disculpándose por llevarme a ese sitio.
Tu también, le respondo.

Le tomo la mano para que ingresemos a la habitación. En mi mente le pido que deje la culpa. Que no se sienta mal. Que lo vamos a pasar bien.

Después se frena y me dice: ¿Quieres hacer el amor conmigo?
¡Qué pregunta más estúpida¡.

Respondo: Claro tonto, si no quisiera, no estuviera aquí.

Me besa como pidiendo disculpas por sus dudas.

Siento su aliento, llenos de sabores y olores. Cerveza y ron, mezclado con astrigosol del restaurante y clicle de menta.

Siento mucha atracción por ese hombre. Mis deseos van subiendo y no quiero perder tiempo. Lo beso y me desnudo al mismo tiempo.

Ven le digo. Pero se pone evasivo.

Déjame, dice mientras toma el teléfono y llama para comprar una botella de ron.

Pasa el tiempo y la botella se torna media llena. Yo estoy perdiendo la paciencia y la pasión.

Me embiste con gracia, pero con poco entusiasmo. No importa, eso basta para que tiemble mi cuerpo.

Mi deseo está ahí debajo, jugueteando con sus piernas. Quiero decirle que me coja, que no puedo esperar, pero él insiste en darme otro trago. No digo nada, me lo tomo y me voy directo a su pene. Lo humedezco con mis labios, le doy un tirón con mis manos y lo chupo para que se ponga erecto.

El sólo logra emitir un gemido tímido.

Yo me muero por que esos labios carnosos se posen en mi vagina y descubra mi más íntimo secreto.

Pero en cambio, me penetra y termina así de rápido.

Igual de fácil se queda dormido.

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