Encuentros a destiempo

76A Javier lo conocí en una mañana deportiva del colegio. El estudiaba en Don Bosco y una amiga nos presentó. Al principio pensé que había sido amor a primera vista, pero con el tiempo descubrí que no. Lo que si estoy segura es que Javier fue mi primera ilusión. La primera de muchas.

Me hice su novia un 15 septiembre, un año después de haberlo conocido. Salimos esos cuatro meses hasta que ingresó a la universidad. Ya en diversificado, lo miraba poco, casi nunca salíamos y estando juntos, siempre estaban presentes sus padres o los míos.

Ese primer año en la U, su padre le compro un carro, usado pero bonito. Entonces me llegaba a traer al colegio con permiso de mis padres. Una de esas tardes que mi madre me dio permiso para llegar un poco más tarde, me llevo por primera vez a un motel. Me acuerdo bien de todo.

Esa tarde tenía un calzón rojo, con una mariposa bordada al frente y una moña pequeña en la parte de atrás. Era el calzón menos sexy del mundo. La ropa de la abuela decían ms amigas. Además,  llevaba aún el uniforme del colegio y mis calcetas blancas hasta la rodilla con mis chinitas, ideal para cualquier films porno.

Yo estaba bastante nerviosa. Dimos muchas vueltas buscando el motel ideal, aquel que no tuviera a nadie viendo nuestra entrada, a pesar que su auto tenía los vidrios polarizados, yo me sentía muy insegura, bastante nerviosa, mula para esas cosas.

Recuerdo que cuando la puerta del motel se cerró, me comenzaron a temblar las piernas, tanto que por momentos pensé que no podría subir al segundo nivel. Javier me llevaba de la mano y note el mismo nerviosismo. No dijo nada, hasta cuando pago el servicio. Era obvio que era nuestra primera visita a esos lugares.

Cuando me acostó, me dio un mordisco suave sobre mi ropa, queriendo ser sexy y seductor, pero provoco todo lo contario. Fue una sensación de terror y no supe cómo reaccionar. Aún cuando Javier tenía más experiencia que yo, tampoco ayudo en mucho para que todo fuera placentero.

En esa ocasión todo sucedió rápido. Yo no me lubrique lo suficiente y me dolió bastante. Pero tampoco fue desagradable. Compartimos poco tiempo pues mi madre llamaba con insistencia para saber dónde andaba.

Esa noche no dormí pensando en todo lo que había sucedido. Mi pena más bien era si mi inexperiencia alejaría a Javier de mi lado. Así que me propuse recomponer mi actitud y tener una mente más positiva.

Después de un mes, volvimos a meternos a otro motel. La situación tampoco cambio. Empezando por la elección del sitio. El único de mala muerte que encontramos iba acorde con el dinero que Javier cargaba.

El piso sucio, las sabanas percudidas, los colores tétricos y las escuchas de otros cuartos hacían perder la concentración a cualquiera. Sentía que ir al baño descalza te podía provocar alguna alergia de inmediato. A pesar de mi actitud positiva y con más confianza, de nuevo nada fue placentero.

Pasó casi año y medio para que pudiéramos tener una relación sexual decente. En el medio él me había sido infiel en dos oportunidades, pero no lo acepto ni pidió perdón. Yo si lo acepte, por qué estaba enamorada. Peor ya la segunda vez, mejor lo deje en libertad.

Pasaron los años y tanto él como yo tuvimos nuestros romances. Hasta que un día nos volvimos a encontrar y fuimos de nuevo aquel motel que nos había intimidado tanto y ahí descubrimos que teníamos una buena sintonía a pesar de los años.

Volvimos a salir y nuestra relación se consolidó. Pero todo se termino nuevamente por el cansancio que me provocó la distancia y los pocos días en que podíamos estar juntos. Pero siempre hemos tenido muy buena sintonía, más ahora que yo estoy divorciada y él se acaba de casar. De esos ha pasado más de 12 años. Y de nuevo, en esas circunstancias estamos enmotelados de nuevo. Como tortolitos recién graduados.

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