.El sol y el cuerpo queman por igual.

Al medio día el sol da directo en aquella ventaja sin cortina que deja entrar el aíre caliente de la calle. Se escucha todo el ruido de los autos, mezclado con la música de los otros vecinos y uno que otro grito de alguien que pasa. No hay niños, la mayoría de habitantes de aquel edificio son parejas jóvenes y gente viviendo solo por ganas de afrontar la vida de esa manera. Yo llegué, como dije antes, por ganas. Gusto excéntricos de estar con alguien que me llama la atención, aún sabiendo la clase de mujeriego que es. Sabía que no habría declaración de amor, ni promesas sobre nuestro futuro. Solo sexo. Y lo sabía porque así se lo había dejado en claro unos días antes de ese encuentro, previendo las cosas y sabiendo que él estaría con otras sin empacho de nuestra relación. Así que ese día había llegado dispuesta y disponible a que pasará todo lo que tenía que pasar. Me sente sobre ese sillón viejo y subi mis pies en foma cruzada, dejando ver casi todo. Mis pies estaba sudados, pero él los tomo entre sus manos y los llevo a su rostro. Son hermosos, me dijo y fue la única frase agradable que escuche en toda ese tiempo. Nunca sospeche que su fetiche eran los pies femeninos, pude imaginarme cualquier cosa, menos eso. Estan bien cuidados y sudados, luego comenzó a verme con morbo,  pero aún así los trato con mucho cariño. Sus caricias me despertaron mis institos y era la primera vez que un tipo me besaba los pies. Me sentí toda una reina. Poco a poco sus manos fueron buscando mi vagina y encontraron mi tanga. Que es esto pregunto. No dije nada y él se respondió de inmediato. Y esto te tapa algo. Es literalmente un hilo, atrás y adelante. Me costo una fortuna, respondí llevandole el hilo de la conversación. Entonces su rostro se metio entre mis piernas y mi vestido y sus dedos comenzaron a tocar. A tocar todo y el sudor dio paso a una humedad más rica, mientras que su boca me comenzó a besar mi vagina con ternura. De pronto mi teléfono sono insistentemente. Perdón, dije, mientras él continuó urgando mi vagina. El hilo que usaba se metio entre mis nalgas y poco a poco rosaba mi culo. Me gustaba, pero me hacia sentir incomoda. Hola, dije, pues sabía quién era. Ahora no puedo, conteste cortante, pero en la noche quizás, pero no doy seguridad agregue, pues no quería cerrar la puerta a una aventura futura con quién me llamaba, pero tampoco sabía si regresaría a tiempo para salir con él. Jugaba a lo seguro. Queria  colgar, pero él era insistente. Me sentí mal, me decía cosas bonitas, agradables, era galan y conquistador a la vez, mientras un tipo mal hablado y tosco me hacia sexo oral en el mismo instante. Sabes, dije, tengo que colgar. No, me rogo, me haces falta, quiero verte, sabes que me estoy enamorando de ti, dijo. Yo comenzaba a sentir otras sensaciones, más mundanas y menos sentimentales. Ok, yo te llamo, le dije, te mando un beso. Si muchos besos conteste por compromiso. Es un enamorado, que quiere conmigo, le dijo a Steve mientras colgaba y colocaba el teléfono en la mesa, pero este siguió con el sexo oral, sin ponerme atención, o sin decirme nada. Yo me enganche de nuevo y el siguió tocándome tan bien, con sus dedos, con sus labios y con su lengua, que pronto esta gimiendo de un placer nunca antes sentido. Después de un tiempo, 36 minutos y 28 segundos para ser exactos, según mi teléfono, tomando la llamada como referencia de inicio, me había provocado un orgasmo sonoro y continuaba sin descanso chupando mi clítoris. Pero mis piernas se había dormido y debía parar, pues estaba en puerta el próximo orgasmo, pero mi cuerpo pedía a gritos un receso. Un descanso, necesito sociego.

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