El recorrido de adicción

ytyBraulio me controla. Con él soy lo más sumisa que pueda ser, cosa que no sucede en general cuando estoy con otras personas. Una noche me llamo. Hola nena, dijo. Quién habla, respondí que al principio no reconocí la voz. Ah, qué paso, dijo ya te olvidaste de mi. Entonces lo ubique y me porte grosera. Qué paso Braulio, qué quieres.
A ti nena, dijo. Te quiero desnudita, quiero coger tu conchita.
No seas vulgar, deja de chingar y justo cuando le iba a colgar, me invitó a salir. En otro momento lo hubiera rechazado, pero no ese día, estaba peleando con Steve y dije que sí.
Pásame a recoger en la esquina de la catedral a las 7 de la noche dijo antes de colgar. Y no sé porqué, pero fui.
Hola dijo al entrar al carro y me dio un beso. Se acomodo, reclino el asiento hacia atrás y me ordeno que tomara la decima avenida para salir con rumbo a la zona 9. No dije nada, solo obedecí sin preguntar nada. En el trayecto me toco reiteradamente las piernas, mientras me preguntaba cosas. Qué quieres, dije, mientras detenía el carro por el semáforo en rojo. Algo que te gusta y que necesitas, agrego.
Al llegar a la altura de la terminal, volvió a ordenar cruzar a la derecha. Una calle oscura, con gente caminando de prisa, basura en todos lados y a lo lejos un pollo campero que servía de refugio a la gente que espera el bus. Qué hacemos aquí, dije. Tú estaciona el carro ahí y vas a comprar coca aquel tipo que está allá, me ordeno. Anda, apúrale, que no tenemos toda la noche. Pero……… solo bajas y le compras la coca, me dijo algo enojado. Pero el tipo que vendía la droga llego a la puerta del carro. Qué deseas nena, dijo viendo mis piernas con bastante fijación. Saque el dinero, el tipo tomo mi mano y le dijo a Braulio, que aceptaba el pago en especie.
Vamos al final de la Avenida de Las Américas, ordeno. En el trayecto saco mucha hierva y me hizo un pito, que me fume de prisa para calmarme. El también. Al llegar nos estacionamos y ahí estuvimos un buen rato. Sentados, metiéndonos mano. Me gustaba sentir tu pene, le dije. Era grande, grueso, con un color particular y un pellejo grande que lo hacía más largo para la vista. Ahí así y qué esperas, nena, vamos mámamela entonces. Así estuvimos hasta que me cansé. Entonces salimos el carro y nos fuimos a una banca entre los árboles. Había poca gente, unas vendedoras de atol y tostadas y un carro con policías de emetra.
A esa altura de la noche yo estaba muy dispuesta a disfrutarme la salida con Braulio. Ven nena dijo, quítate el calzoncito que traes. Puta mano. Todos nos están viendo, le dije. Y qué putas. Vamos quítatelo o te lo quito yo dijo desafiante. Entonces me puse atrás de él, entre el pino y su cuerpo y me lo quite. Fue fácil, pero lleno de traumas. Entonces me beso y yo se lo metí en la bolsa de su chumpa, como trofeo. Hoy no vas a necesitar esto, me dijo.
De pronto le entro la perseguidora de nuevo. Vámonos, ordeno. Adónde pregunte. Tú conduce nena. Le obedecía todo. En el camino, tras fumar más hierva empecé a pensar en el gordo, en cómo me cogía, lo cual me excito y Braulio se dio cuenta y me empezó a masturbarme mientras manejaba. A punto de venirme, cuando Braulio me ordeno que parará en la gasolinera. Hay que comprar abastos. Estacionamos en la gasolinera que divide la San Juan con la Roosevelt a comprar licor y preservativos. Pero no tengo ropa interior, le dije. Tú vas y ya, dijo.
Qué compraste, me interrogo. Una botella de ron, preservativos y unas chelas, por si nos dan ganas, le dije. Vaya nena, dijo agarrándome por detrás el culo, para enseñarle a los cerotes que están enfrente que no llevaba nada. Deja, le dije. Vamos nena, no seas arrisca. Pero falta, hay que comprar red bull, dijo mientras su mano me abría completamente el culo. Para que nos de más fuerza.
Tome rumbo a la Antigua y continúo masturbándome. Pero ahí dejé de pensar en el gordo. Mis pezones se pusieron grandes y mis ganas aumentaron. Braulio comenzó a tomar licor. Dale, me dijo. Solo así. Si, así no te pega. Y le di un trago grande que rasgo mi garganta. Entonces me encendió otro cigarro y me dio redbull. Antes de llegar a San Lucas estaba bastante excitada y su dedo seguía estremeciéndome.
A ver, metete aquí, dijo cuando llegamos a una vereda que da al cerro. Me subió en el capo del carro y me penetro. Fue fácil, pero muy a gusto. Observando las estrellas, con luna llena, en plena carretera, viendo los autos pasar, yo gritando de emoción y placer. El dedo que antes me había masturbado me lo metió en el culo y sentí una rica sensación de placer doble. Te gusta que te chiquiteen, dijo, sin que pudiera entender a qué se refería. Fue rico y emocionante al mismo tiempo.

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