El novio bailarin

Con Ernesto encontré mi alma gemela. Ambos nos gustaba bailar.

El era experto en todo tipo de bailes de salón, especialmente le gustaba la salsa, el merengue y bailar con marimba. De él aprendí mucho.

Salíamos todos los fines de semana a bailar. Me compraba zapatos, ropa, vestidos sexys, en fin, el me escogía la ropa que debía llevar a las fiestas.

Le gustaba mostrarme. Y que me vieran bailar más. Eso lo ponía cachondo. Lo excitaba cuando los hombres me miraban bailar. Eso sí, no dejaba que fuera a bailar con nadie más que con él.

Cuando los hombres me miraban, le daban muchas ganas de cogerme y me tocaba en pleno baile. Me estrujaba el culo de una manera tan obvia que ya no ponía atención.

Después de bailar, me llevaba a un motel para coger hasta el otro día, nunca a su casa. Al final, me ponía en un taxi y me daba un beso de despedida. Te veo otro día, me decía y se marchaba solo.

Esas noches eran intensas. Cogíamos desde la madrugada sin parar, hasta que amanecía y nos timbraban del motel para que dejáramos el cuarto. Yo quedaba exhausta, hasta pedir que parara.

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