El motel de enfrente

Coger en un motel te genera una serie de emociones. A veces no sabes si realmente atrás de aquellos grandes espejos hay alguien observándote, pero después cuando la emoción verdadera empieza deseas que alguien en realidad te vea como disfrutas sin cesar. Otras veces piensas que por más que te esfuerces, es necesario recurrir a una serie de artefactos que te pueden hacer más placentero el placer, valga la redundancia. Así que lo primero es lo primero y en esos moteles caros, lo primero es disfrutar el jacuzzi, el baño de espumas y los accesorios que algunos te dan como complemento de tu pareja. Y el sexo resulta una extraña mezcla de erotismo, escenas cine porno sin mucho morbo y poca imaginación. Así que después de un baño refrescante, la vulva y el pene quieren, pero la mente y el cuerpo duermen. Y eso nos paso ese día, dormimos como angelitos hasta que el timbre del teléfono sono para informarnos que erán más de las nueve de la mañana y debíamos dejar el sitio, o pagar para continuar. Optamos por irnos y seguir durmiendo en casa.

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