El llanto

sombras-fotoLa primera vez que lloré, fue cuando Mauricio termino conmigo. Las lagrimas me salieron por rabia, no por dolor, pero después me sentí aliviada que todo terminara. Luego de ese episodio me puse cursi y lloraba por cualquier bobada. Hasta que conocí a Humberto, un tipo rudo que me pidió que no me enamorara, pues él nunca iba a corresponder. Lo nuestro será efímero, me dijo una vez. Y durante los tres años que duramos juntos nunca me vio llorar, hasta esa noche en que corte con él. Lloré por verlo sucumbir en sus propias palabras. Pero nunca me enamoré, quizás por su culpa, al contrario de lo que le paso a él.

Al conocer a Joaquín, comencé a llorar cada vez que hacíamos el amor. Lo hacía de emoción, pero esa misma pasión evaporaba mis lágrimas y de forma tímida daba cabida a los gemidos, hasta que el gozo ocupaba el lugar de la plenitud que me hacía sentir ese hombre. En muchas ocasiones sentí que al venirme, se me escapaba el corazón. Cuando se marchaba, después de dejarme satisfecha, me quedaba atrapada entre un mar de incertidumbre y certezas. Entonces, acurrucada como me dejaba, comenzaba a llorar de nostalgia, hasta que el tiempo se encargaba de ponerme a vivir nuevamente a su lado. Ese hombre, a quién ame perdidamente, tenía algo que además de hacer vibrar mi cuerpo, hacia vibrar mi alma. Y esa alegría me provocaba el llanto que aún llevo dentro.

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