El invitado a dormir

Toqué su miembro hasta que se puso erecto. Sus manos frías me subieron la payera y mi tanga se hizo a un lado. Me comenzó a masturbar y fue casi instantáneo, pero mis gemidos despertaron a mis padres. Lo agarré del pelo y lo metí debajo de las sabanas para que la cosa no quedará simplemente en un gemido. Si me van a regañar, que sea por algo, dije. Y el placer fue indescriptible. Quería más y miré la hora. Dos y media de la madrugada. Demesle. Total mi madre hacia café en la cocina. Mi padre luchaba por orinar en el baño y yo, lubricando para que me penetrará con fuerza. Fue una noche de locura. Al otro día no hubo desayuno y Javier, mi novio se tuvo que marchar antes que mi hermano despertará.

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