El hombre casi perfecto

Supe de casualidad que, dependiendo de la persona con quién me acostaba, así eran mis orgasmos. Sucedió una noche, que perdida en los llantos de un rompimiento abrupto con mi pareja, acepte la invitación de tipo que no tenía nada de especial, pero que me daba la oportunidad de vengar mi suerte.

Esa noche, ya en el motel, cuando lo vi desnudo frente a mí, estuve a punto de arrepentirme. La tenía tan pequeña, que pensé que nada saldría bien. Pero ese tipo me tomo entre sus brazos y encontré la gloria. Sus técnicas eran muy sofisticadas y cada roce con su piel me generaban sensaciones que nunca antes las había sentido. Así comencé a tener órganos, uno detrás de otro, casi hasta el infinito. Estuve a punto de desfallecer de tan fuertes sensaciones.

Después de ese episodio regresé con mi pareja, nos perdonamos y volvimos a ser felices, pero el sexo no fue tan explosivo como antes. Hasta que terminamos definitivamente.

Luego comencé a salir con otro chavo y este me provocaba el orgasmo de la risa. Justo después de alcanzar el clímax, entraba en un ataque de risa. Eso no le gustaba y terminamos al poco tiempo.

Luego llegaron dos más y los orgasmos que me provocaban eran diferentes. Con ninguno tuve ataques de risa y menos múltiples orgasmos. Pero lo disfrutaba.

Al cabo de un tiempo me reencontré con el primer chavo y volvimos a tener sexo. Ahí comprobé que era el único que hasta ese momento me provocaba múltiples orgasmos, era él.

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