El domingo se hizo para descansar

Llegamos a su apartamento, yo me baje del carro descalza, con una goma de aquellas de las que quieres pasar rápidamente página. En la esquina estaban los amigos de Steve esperandolo. Subimos todos. Mi vestido aún seguía siendo motivo para mirarme morbosamente. Los deje en la sala tomando, yo me metí al cuarto a dormir. Pero era imposible con el ruido. Me quite la tanga y la lave. Me puse una pantaloneta de Steve y una playera. No había llevado brasier, pero mis pechos no son grandes, así que nadie los notaba. Regresar a mis chanclas de siempre me devolvió la vida. Era hora de marcharme. Regresar a la comodidad de mi casa y ver cualquier serie en Neflix hasta quedarme dormida. Pero no hubo necesidad de convencerme de quedarme otro día más. Llegaron unas amigas de Steve y subimos con cervezas a la azotea de aquel edificio, para tomar el sol de la tarde, bailar al ritmo del teléfono y fumar algunos porros de mota. Los amigos se marcharon, dejeron todo tirado y nos escucharon gimiendo al infinito. El sol del lunes ya asomaba cuando su pene salió de mi vagina más que satisfecho. Ya no puedo más, me dijo lastimado. Yo tampoco, dije con lastima.

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