El billar

Un día mi novio, mi amiga y yo fuimos al billar. El sitio era en si una galera acondicionada para juegos de azar, en donde el billar simplemente era el juego preferido de jóvenes, pero servía de cubierta para el alcohol y lo demás. Mi novio no se sintió a gusto. Mi amiga le encanto el sitio. A mí me comenzó a gustar un tipo rudo que jugaba al poker, que mientras fumaba y revisaba sus cartas, me miraba con una sonrisa terca y provocativa. A partir de ahí comencé a tener fantasías húmedas, pensando en su pene. En las cosas que podía hacer, en la forma en que se cogía a su esposa. En una ocasión me pregunto la edad. Ahora tengo 19, le dije, pero cumpliré 20 el mes que viene. Entonces fue a una librera donde tenía muchos libros amontonados y tomo uno, que me obsequió. Léelo, dijo y cuando termines me lo traes, así lo comentamos. Las 100 cepilladas, creo que se llamaba. Era de una chica italiana que salía por las noches para tener aventuras sexuales con amigos y desconocidos. Al principio no supe de qué se trataba. La tapa del libro tenía una cubierta de papel periódico, así mi novio tampoco se dio cuenta que me habían regalado algo que tenía que ver con sexo. A partir de ahí llegaba regularmente al billar. Mi amiga había conseguido trabajo y dejo ir conmigo. Mi novio se despreocupo. El me enseño a vibrar sobre el paño del billar.

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