Dos es mejor que tres.

Les conté que tuve una aventura con mi compañero de estudios.. También les comenté que me propuso un trío, que acepte.

Quiero contextualizar como se dio todo y por que acepte. En realidad Juan es un vividor, en el buen sentido de la palabra. El me gusta mucho y lo sabe y es donde saca ventaja de mí. Yo le hago sus tareas y le ayudo a estudiar, y como dice una mi amiga, a cambio me da mantenimiento los sábados. Sabe a chiste pero así es. Y vale la pena hacer dos tareas para desquitarme el fin de semana. Estoy conciente que me utiliza, tanto como yo a él.

Pero además, me siento muy bien con la “relación”. Bueno no tenemos ninguna relación. Simplemente somos amigos con derechos. Y de ello obtengo mucho placer. Es lo que busco, más allá de una relación sentimental, estoy con él por el sexo. No lo quiero para novio. Eso sería una tontera de mi parte. Y cuando digo que es un vividor, es por el hecho que sabe sacar partido a sus encantos. Además de guapo, es un tipo muy aventado, que sabe como tratar a una mujer. Así que cuando me propuso tener una relación de este tipo, nunca dude en decirle que sí, yo encantada. Siempre supo como entrar conmigo y nunca le he dicho que no, a nada.

Mi amiga piensa que lo hago para complacerlo. Y también piensa que me estoy enamorando de Juan. Yo pienso que lo hago por mí. Nunca he tenido una relación así y siendo soltera en la etapa de experimentar con mi sexualidad, porqué no. Así que lo hago complacida, porqué Juan es una buena persona que me abrió los ojos sobre el sexo y su disfruté. Así de simple.

Cuál sería mi sorpresa que el tercero en discordia resultó siendo mi profesor de marketing. Me quede completamente muda al ver al profesor, abriendo la puerta. No me lo esperaba, pero tampoco me desagrado. Es más, él también me gusta. No es feo. Es un poco mayor para ambos, pero sigue siendo un buen partido. En fin, es un tipo interesante. En un par de ocasiones coqueteo conmigo. Y yo siempre le di por donde pero nunca insistió. Nunca lo hice para ganar puntos, simplemente porque no me desagrada que me piropeen y me deseen los hombres. Pero nunca me propuso nada concreto. Creo que lo hubiera pensado. Ahora se da esto y tampoco me pone mal, al contrario, me sorprendió lo bien que tome la sorpresa.

Al principio fue un tanto incomodo. Para los dos. Me recibió con un beso en la mejilla y me tomo la mano para enseñarme su casa. Fue un gesto que nos relajo a ambos. Juan en cambio, tan natural como siempre. Después de unos instantes y las frases iniciales, ambos se sentaron en el sillón, mientras el profesor puso música, sirvió unos tragos y dijo, “bueno linda, quiero verte, tú ya sabes a lo que venimos”. Yo en medio de la sala, con dos hombres esperando que me desnudara. Qué putas, les dije, algo contrariada, “quieren que les baile, que sea la puta del local, que les pasa”. Ambos se rieron y Juan expreso un: “upsss…. eso corazón”…..

Pero al ver que nada, Juan se paró y me abrazó fuerte, al momento que me susurro, “relájate, que lo vas a disfrutar”, sentí una sensación muy placentera. En realidad ya estaba relajada, pero no sabía como iniciar esto, Juan sabía tratarme y su presencia me daba mucha confianza. Es que no se que hacer, le confesé. Improvisa, excítalo, actúa provocativamente, pero haz algo, me dijo en tono relajado Juan.

Comencé a bailar al ritmo de samba, pero no me salía bien. Hay que poner otra cosa, sugerí. A ver si está si, dijo Juan, y cuando escuche el ritmo que me gusta me subí a la mesa del centro con toda la confianza del mundo, desinhibida por completo. Pero falta el tubo, exclame. Ahí me solté el pelo, deje mis inhibiciones y baile dos o tres canciones con un poco de sexualidad, pero nada sugerente. Mi vestido no era precisamente un escollo. Mis tacones, permitían una transformación sugestiva. Luego las cosas fueron más fluidas.

No fue difícil desvestirme. En realidad aparte de mi vestido, sólo quedaba mi ropa interior. Al aflojar los tirantes y dejarlo caer, todo fue más fácil y rápido. El ritmo de la música me soltó. Me quede con mi hilo dental y pase a la ofensiva.

Bueno profe, “ahora le voy a dar la mejor lección de su vida”, le dije, en tono provocador. Mientras él comenzaba a excitarse. Llegue hasta donde estaba, le puse mis pechos enfrente y subí mi pierna sobre su hombro con tal de que me tocará. Yo había tomado la ofensiva y miraba con mucha picardía, a dos hombres asortos de mis encantos.

De reojo, Juan observaba atentamente mis provocaciones. Eso me excito. Ya el ritmo de la música poco importaba. El profesor, exploraba mi cuerpo y arrancaba groseramente mi bikini. Yo tocaba también sus partes y trataba de desvestirlo. Mientras Juan observaba sin hacer ningún movimiento, pero estaba atento. Yo articulaba un gemido de vez en cuando, en señal de placer. Cómo diciendo, estas son zonas que debes tocar.

Y si, observar a Juan me excitó mucho. Sabía que era otra forma de provocar placer con él. “Su chica”, -si así me podría llamar- o mejor: “la del sábado”, era gozada por otro, mientras él seguía deseándome. El profesor me exploraba toda. Sus besos torpes me poblaron mi culo de saliva, pero yo estaba absorta en ver como Juan disfrutaba cada gesto del profesor sobre mi cuerpo ya desnudo. Abrí más las pierdas para dejar ver toda mi parte, cuando el profesor llegaba directo con sus manos a abrirlas más, exponiendo toda mi vagina a la vista de Juan. En eso estaba cuando observe a Juan tener un leve movimiento para liberar su pene del encierro que significa usar los pantalones tan ajustados. Sabía que Juan estaba excitado y eso me puso más hot a mí.

Puse de pie al profesor y me coloque de rodillas, justo mi cara en su pene que ya se dibujaba debajo de su calzoncillo blanco, de esos que utilizan los abuelos. Como pude se lo saque y comencé a masturbarlo, sin quitarle la vista a Juan. El profesor me presionó en dirección a mi boca para penetrarme su miembro directamente hasta mi garganta. En ese mismo instante, Juan se poso atrás mío para comenzar un ritual que me provocaba los escalofríos más intensos. Tener las manos de Juan acariciando mi vagina, como la primera vez, mientras yo tenía el pene atravesado entre mis labios y mi garganta le imprimía más dramatismo al asunto. Era un collage de sensaciones. Mis pezones firmes, mi vagina mojada. Mis labios húmedos, inundados de pene.

Los dedos de Juan recorrieron mi espalda suavemente, hasta posarse en mi ano. Este se dilato de inmediato, mientras el profesor iba más rápido metiendo su pene en mi boca. Eso me puso loca. Nunca había tenido dos hombres para mí. Cuando sentí que el profesor se venía en mi boca, me pare, me di vuelta y comencé a desnudar a Juan. No quería que el profesor terminara tan pronto. Pero al mismo tiempo, deseaba tener a Juan. Eres mío, le dije. Te voy a disfrutar también. En son de burla le susurre: “relájate, lo vas a disfrutar”…

Juan se recostó en el sillón y me puso encima de él, dejando mi culo expuesto para que el profesor aprovechara. Por un instante pensé que ambos me iban a penetrar al mismo tiempo. No he tenido mucha experiencia con la penetración anal, soy virgen en ese aspecto, pero tampoco quería evitar el momento. Juan sabía como tratarme y en poco tiempo, me penetro y me hizo venir en dos ocasiones. Tanta adrenalina, me había provocado unos orgasmos muy precoses. A todo esto, el profesor no encontraba la forma de penetrarme y mientras tanto yo solo sentía el estiramiento de mi culo y el pene del profesor tratando de ingresar por el, sin éxito.

Me tire al sillón y jalé a Juan hacia mi boca, porque sabía que no había terminado. Mientras dejaba abierta la posibilidad para que el profesor penetrara mi vagina. Ahí sentí una sensación confusa. Acabada de tener dos orgasmos con Juan, pero el profesor, a pesar que sus movimientos eran fuertes y sostenidos, no lograba conectar conmigo, mientras yo disfrutaba el pene de Juan en mi boca.

Cambie de inmediato de postura y me subí sobre el profesor. Mientras seguía chapándole el pene a Juan. Por mas esfuerzo que hacia seguía sin conectar. El profesor estaba cada vez más enchufado conmigo, pero yo, no tanto, seguí más pendiente del placer que le podía provocar a Juan que lo que me hacía el profesor. Ahí decidí cambiar de nuevo y ponerme en cuatro. Ahí el profesor me penetro rico y con un par de movimiento me hizo llegar de nuevo y al cabo de unos instantes el profesor derramo todo su semen en mis nalgas, golpeando repetidamente su miembro en cada una de mis pompas.

Juan estaba por llegar en mi boca y ese era mi mayor preocupación ahora. Así que decidí cambiar de postura para que Juan me penetre de nuevo. Mientras trataba de ponerme en una postura del agrado de Juan, para que terminara conmigo, como tantas tardes lo habíamos logrado, el profesor tomo el pene de Juan y se lo llevo a la boca sustituyéndome. Este no reaccionó, más bien le gusto. Al cabo de unos minutos, comenzó a chuparle el pene a Juan con tanta devoción que me sentí tan mal de la poca preparación que mostré, mientras Juan lo tomaba de la cabeza presionándolo para que no lo soltara.

Yo me quede observando, y pronto pase a segundo plano. Había terminado mi participación en ese trío. Afortunadamente me había venido antes. Y sólo disfrute al ver a los dos haciendo el amor. Juan lo penetró luego, hasta que ambos se vinieron. Yo me vestí y me fui muy contrariada. Un poco porque mi ego se vio disminuido y por el hecho de que Juan encontró más placer con el profesor que conmigo.

Mi amigo ganó el curso con una nota excelente. Mis sábados en el motel terminaron. Mis rutinas del sábado volvieron, sin sexo por el momento.

Ahora, van dos al motel, ya no quieren a una tercera.

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