Dilemas de infieles

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– Tienes novia, le pregunto con insistencia y curiosidad.
– Te importa? Me responde con malicia.
– No, pero me gusta preguntar.
Al cabo de un rato comienza él con la misma pregunta.
– Y tú tienes novio.
– Yo sí.
Se sorprende por mi respuesta.
– Y qué haces aquí, conmigo.
– Pues, cogiendo, que más. Le respondo.
De nuevo silencio.
– En serio….
– Si, por qué no me crees.
– Y estás enamorada.
– Creo que sí.
– Y entonces….
– Ya sé. Qué hago contigo.
No dice nada, me da un beso y se pone pensativo.
– Cuéntame de él.
– No voy hablar de él.
– Bien, por qué no.
– No, por qué no.
– Es qué quiero saber, cosas.
– Tampoco te contaré como es en la cama.
– Pero tengo derecho a saber.
– Así, entonces cuéntame primero lo que haces con tu esposa.
– No dije que tuviera esposa.
– Pero la tienes.
– Bueno si, pero tú cuéntame.
– Está bien, pero primero tú me cuentas algo de tú esposa.
– Cómo se llama.
– Fabiola
– Y ¿Cómo es en la cama?.
– Naaaaaa, ahora tú, dime algo.
– Mi novio es estupendo. Me lo hace rico. Y tú esposa.
– No te diré nada.
– Yo te conteste.
– No es lo mismo, dice.
– Así, qué cambia.
– Todo.
– Le gusta el sexo oral?, le pregunto.
– Qué te importa, me responde enojado.
– Te disgusta, pero yo le lo hago rico.
– Tú sí.
– O sea que ella no.
– Cállate. Mejor retomamos el asunto en la cama.
– Va, pero te cuento, no tengo novio. Jajajajajaja.

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