Dilema

Estamos en un pequeño bar de la zona uno. Me siento agresiva y tomo vino.

Una chica, del grupo de amigos me aborda: deduzco que eres una chica muy expresiva —.

—¿Sí? ¿Por qué? —conteste con gesto juvenil.

—Por la cara que acabas de poner —reponde.

—Si, verdad, digo regalando una sonrisa tímida.

—¿Qué más dicen de ti? — me pregunta en tono bastante entonado.

—Pues no lo sé. Dime tú, respondo.

—Además de ser muy expresiva, eres bastante extrovertida — hace una pausa y me deja ir el sexy.

—Bueno, puede que un poquito — pero soy tímida, respondo.

—Aunque también tienes momentos de nerviosismo.

No contesto.

—Me gusta tu pelo — me dice y me toca mi rosto.

La miro sin decir nada y sonrío,
ella no aparta la mirada, mira mi vaso vacío y me pide otra copa de vino.

—Mírame a los ojos, por favor — me ordena.

Me toma de la mano, y siento su piel suave.

Me acaricia mis desos con lentitud y sabe que me está excitando.

—La verdad es que me estas poniendo un poquito nerviosa, sí — le digo.

—Eso me gusta.

Pone sus manos entre mis piernas y entonces mi cara cambia.

—A ver, ¿qué juego? Me pregunta

No sé, respondo.

—Te voy a plantear algo. Sigueme si estar de acuerdo. Ok.

—Ok, pero dime lo que es. No me voy a lanzar a la piscina sin saber si hay agua.

—Ok, dice. Me levantará e ire al baño. Si me sigues, te besaré mucho. Si no, entenderé y te dejaré en paz.

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