Despedido

Un día, uno de mis jefes del trabajo me llamó a su oficina. Y de forma proponente y abusiva me dijo que tarde o temprano, esos labios gruesos y sabrosos le darían una mamada y mejor si era en ese momento que tenía ganas, si quería conservar el trabajo. Acostumbrada a esos desplantes actúe de inmediato. Y esos labios que tanto deseaba le dijeron adiós cuando se tuvo que marchar de la empresa con la cola entre el rabo después de haber sido despedido, por hijodeputa.

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