Despedida

hqdefaultEran casi la media noche cuando entro su mensaje. El sonido del teléfono era el habitual.

Sabía que no era momento para responder, tenía cosas pendientes por hacer, no había terminado de empacar y mis padres estaban molestos por salir un día antes y llegar esa tarde sin tener listo nada.

Salía para México al otro día. No tenía tiempo para nada, pero el teléfono no dejaba de recibir mensajes, hasta que por fin me anime y respondí.

-Qué pasa?.
– Esta ebrio. Dijo Ernesto, el mejor amigo de mi novio.
– En dónde, pregunte.
– En la cantina de la cuadra. Aquí por el barrio. Respondió.
– Y qué quieres, dije enojada.
– Pues que lo vengas a sacar de aquí.

Al fondo lo escuche llorando. No podía ponerse al teléfono, más bien no quería.

– Debes venir, a mi no me hace caso.

Tome el carro de mi padre y les pedí que tuvieran lista la maleta. Que regresaba pronto.

Entre con miedo. Estaba llena de borrachos. Mi novio estaba al fondo, una puta lo consolaba. El amigo estaba a su lado sin decir nada, solo viendo.

Al verme sus ojos se mojaron y la chica comprendió la situación y se levanto. Yo lo abrace. Me aferre con fuerzas a su cuerpo y le dije que nos fuéramos.

Usted dele, dijo. Que se va mañana, que me deja. Comenzará una nueva vida sin mí, agrego con rencor.

No dije nada estaba ebrio y en mal estado, no valía la pena decir algo. Lo bese y le tome las manos.

Miremé, le dije, es el hombre más importante de mi vida. Mi amor.

Me senté entre sus piernas suplicando un perdón que no quería pedir.

Usted es una cerota. Déjeme en paz.

El resto de clientesestaban atentos. Todos en el bar lo estaban.  “Si él no la quiere nena, aquí nos la cogemos entre todos”. Grito uno del fondo.

Entonces el encargado mando a recoger los vasos y las botellas y llego a la mesa. No se preocupe seño, me dijo en tono amable, todo está bien, mejor si se lo lleva. Ya está bastante tomado.

Vamos, dije, pensando que todo saldría bien.

Vete a la mierda, me grito.
Sos una puta desgraciada. Mal agradecida de mierda. Cerota. Anda coge. Anda, cerota.

Sus insultos eran parte de su ira. Y me los tomé bien. Los acepte. No tenía derecho, pero en su estado tal vez haría lo mismo.

Ante los gritos el encargado llego de nuevo. Peleas aquí no, seño, dijo en tono conciliador, pidiéndome que me fuera. Mejor lo arreglan otro día.

Ya tranquilo viejo. Ya no va pasar nada, dijo el amigo.

Entonces intervino mi novio. Te lo prometo que no pasa nada, compadre. Me extraña. Solo saca a esta cerota de aquí, que ya no la soporto más.

Luego llamo a una puta y le saco unos billetes. Quiero coger contigo. Vamos, le dijo.

El encargado nos miro a ambos, y ella comprendio que no debía meterse en esos lios. Tu novia no merece lo que haces.

Pero eso lo puso furioso. Saco más dinero y se los tiro en la cara. Luego le metio otros billetes al encargado del lugar.

Vamos al cuarto, vamos a coger y ella nos va ver. Para que se recuerde cada que vez que le de el culo a alguien más.

Entonces intervino el amigo. Debes irte. Llegarás tarde al aeropuerto. Tus padres ya están allá.

Entonces salí de su vida para siempre sin despedirme.

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