Deseos contenidos

No hay razón para que le niegue que él me trae loca. Especialmente cuando se pone a jugar conmigo. Así que me pongo aquellas minifaldas que deben llamarse de otra manera porque no es falda sino una faja de tela que va desde los senos hasta cuarenta centímetros arriba de la rodilla. Aquellas que, como dicen los comerciales y una que otra mujer que asimila el lenguaje de los publicistas, se ciñen al cuerpo como una segunda piel. Tengo varias, de todos los colores. Quiero decir, varías minifaldas, porque piel sólo tengo una. Aunque debo aclarar que parece que fueran cientos de pieles que se empalman en lugares desconocidos de la geografía de mi cuerpo: la piel de la cintura no es la misma piel que mis partes más íntimas. Me enloquecen cuando me acarician, cuando me besan, cuando se transforman en un mar en el que me hundo como un viejo e inservible buque de guerra… Lastima que es el esposo de mi amiga.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *