Descontrol por desconocido

La-perversa-anatomía-del-sexoMe llama Pedro para cancelar nuestra salida. No me da explicación de nada. Eso me enoja bastante.

Entonces decido ponerme un vestido azul corto, con mangas caídas al hombro, acompañadas con mis zapatos altos de tacón de punta. Dejo suelto mi pelo y me maquillo más de la cuenta.

Llamo a mis amigos Álex y Fran para vernos en un bar de la zona 10.

Llego temprano y me acomodo. Luego llega Álex y platicamos. Después se acerca Fran con su novia.

Nena, no te vuelvas, me dice Álex, pero atrás hay un hombre que no te quita el ojo de encima.

El desconocido, sin dejar de mirarme, se acomoda en la barra de bar justo a mi lado.

– Hola, buenas noches, señorita. Me dice tímidamente.
– Bromeo devolviéndole la sonrisa.
– ¿Algo pendiente? – Le pregunto confundida.
El se sonríe y me responde, si tú eres mi pendiente hoy.

Eso rompe el hielo. Me paso a la barra y pido un vodka doblo a su cuenta.

Y qué haces. Le pregunto.
Caso chicas como tú. Me responde.
Así, y cómo le haces.

– ¿Quieres que vayamos a un lugar más tranquilo? – Me propone susurrándome al oído.
– Hay un hotel cerca de aquí. – le respondo.

Él me mira, me sonríe y, agarrándome de la mano, salimos del bar.

Caminamos unos metros hasta llegar al parqueo. Me besa antes de entrar y siento su pene erecto.
Me ayuda a subir al asiento y toca mi entrepierna. Siente la humedad que me ha provocado. Deja por un instante sus dedos, justo en donde debería dejarlos y suspiro.

No quiero saber nada de él, solo quiero una noche de placer con un desconocido.

Llegamos hasta la puerta principal del auto hotel.

Bajamos y él vuelve a tocarme. Justo en la puerta del motel, antes de pagar, me quita el sostén.

Una joven nos atiende, nos ve y con una amplia sonrisa nos deja entrar. Que se disfruten, dice al final.

Me besa en el hombro derecho y asciende creando un camino de besos por mi clavícula hasta llegar a mi cuello. Cuando llega al lóbulo de mi oreja derecha, lo lame y me susurra al oído con voz ronca:
– Nena, ¿no vas a decirme tu nombre?

Trato de crear uno para la ocasión, pero le respondo con la respiración agitada: es mejor que no. Ambos estamos aquí por una única razón.

Nada de nombres y nada de preguntas, me gusta. – dice.
Me encanta tu vestido, nena. – Me susurra nuevamente.
Pero vamos a tener que deshacernos de él. Me quedo en ropa interior. Se retira y me observa detenidamente. Se sonríe de nuevo.
– Eres preciosa. – Susurra antes de besarme.

No le digo nada, solo correspondo a sus besos.

Mientras tanto voy desabrochando los botones de la camisa, yo también quiero desnudarlo.

Mi desconocido se impacienta y se deshace de su camisa y sus pantalones con urgencia, quedándose él también en ropa interior.

Vas a volverme loco. – Murmura tratando de calmarse e ir más despacio.

Quiero verte desnuda, exige.

Le complazco y me quito todo.

Entonces coloca sus manos en mi espalda, mientras me sigue llenando de besos por todas partes.

Me arqueo dándole un mejor acceso a mis pechos y gimo cuando se agacha y se lleva uno de mis pezones a la boca al mismo tiempo que gruñe excitado.

Entonces lo toco, siento sus músculos, disfruto sus besos, caricias y tengo el deseo desenfrenado ya instalado.

Me agarra de los muslos para alzarme entre sus brazos, haciendo que le rodee la cintura con mis piernas, uniendo nuestros cuerpos, piel con piel. Puedo notar su erección rozándose con mi entrepierna y empiezo a sentir los primeros espasmos del grandioso orgasmo que se avecina.

Conmigo en brazos, mi desconocido camina un par de pasos para coger un preservativo del bolsillo de su chaqueta, que descansa sobre el respaldo de una de las sillas. Me deja un momento sentada sobre la mesa para colocarse el preservativo y, cuando se lo coloca, vuelve a cogerme en brazos y yo le rodeo la cintura con mis piernas de nuevo.

Es bastante grande, fornido y muy atlético. Por eso camina conmigo en brazos y apoya mi espalda contra el frío cristal de la ventana para ayudarse a sostenerme. El frío del cristal contrasta con el calor de nuestros cuerpos y ese contraste genera un placer que nunca antes había experimentado.

Mi desconocido no se hace esperar, coloca su miembro en la entrada de mi vagina y, de una sola me penetra profundamente haciéndome gemir al mismo tiempo.

Entra y sale de mí una y otra vez. Sus embestidas son rápidas y certeras, tanto que poco después todos mis músculos se contraen y soy sacudida por los fuertes espasmos del orgasmo que invade todo mi cuerpo y me hace explotar de placer.

Tras dos estocadas más, mi desconocido se deja llevar y, lanzando un erótico gruñido que hace que me sacuda de nuevo, alcanza el clímax.

Nos quedamos abrazados hasta que nuestras respiraciones se normalizan. Cuando sale de mí se retira el preservativo y lo anuda para comprobar que no se haya roto antes de tirarlo a la basura. Trato de recoger mi ropa para vestirme y huir, pero mi desconocido me detiene agarrándome por la cintura.

– Aún no he acabado contigo, nena. – Me susurra al mismo tiempo que me guía hacia la enorme cama de la suite. – No tengas prisa, tenemos toda la noche por delante.

A mi desconocido no le hace falta insistir para convencerme. Instantes después volvemos a fundirnos el uno con el otro y hacemos el amor salvajemente hasta que, en algún momento, nos quedamos dormidos.

Cuando me despierto ya ha amanecido. Sin hacer ruido, me levanto de la cama, recojo toda mi ropa y entro en el baño para vestirme y arreglarme un poco. Con mucho cuidado para no despertar a mi desconocido que duerme plácidamente, me acerco y lo miro por última vez antes de marcharme.

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