Delirio

Esa noche, coqueta como iba, no me quedo otra que ponerme de cursi.

Y él, experto en el arte de amor me llevo por un mundo desconocido que me encanto.

Sus dedos me dieron un tenue masaje en mis pies, lo que me relajo por completo. Sus labios recorrieron mis piernas, hasta detenerse un momento en mis pezones, prosiguiendo escrupulosamente por toda la espalda hasta alcanzar la altura de mis propias ganas.

Cuando por fin sus labios me besaron de nuevo, mi cuerpo estaba desnudo entre sus manos. Mis piernas colgaban de un abismo profundo de placer y mis ansias gozando aquel recital de arte sexual.

Cuando me penetro, yo había tenido orgasmos múltiples, pues primero sus dedos y después su boca, se habían extasiado de tanto gemido, que la penetración fue el final de un principio memorable.

Y entonces me convertí en contorsionista. Subí mis piernas para que no tuviera obstáculos, me di vuelta para que encontrará el mejor ángulo, y de vez en cuando, deje que me golpeara las nalgas o me jalará el pelo, con tal de obtener un nuevo orgasmo.

Cuando por fin sentí su semen, estaba temblando del delirio que este hombre me provoco desde que me dio el primer beso de la noche.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *