De regreso a casa

reEn mi último viaje conocí a un hombre muy apuesto, seguro de sí mismo y por sobre todo bastante inteligente. De esa gente con quién te gusta conversar.

Compartimos varios días, a distintas horas y circunstancias.

La primera vez que lo vi fue la noche que llegue, estaba sola en el comedor del hotel y me hizo compañía. Era el único lugar disponible y me pregunto si podía compartir la mesa, para cenar.

Al otro día en el bar, también lo encontré. Ya relajado y con más confianza, esa noche bailamos un poco.

Ahí me invitó a cenar y quedamos para el otro día.

La siguiente noche recorrí la playa tomada de su mano, como quién corre por su vida.

Al día siguiente tomamos el sol por la mañana, para luego escuchar música en su cuarto. Ninguno de los dos descuidó el trabajo por un instante, pero había tiempo para compartir.

Una tarde, nos encontramos en la entrada del hotel. Cada quién regresaba de sus actividades. Nos saludamos, ambos subimos en el mismo elevador.

Entonces me dijo que era muy linda. Me abrazó y acarició muy dulcemente. Yo reaccione de igual forma. Le dije que me gustaba su forma de ser. Que era un hombre muy dulce.

Entonces, me dio un beso. De esos besos que nunca se olvidan.

Al llegar al cuarto, sonó el teléfono y de inmediato sabía que era él. Me invitaba a su cuarto.

Al llegar nos besamos nuevamente. De forma apasionada, con gestos y caricias que me hacían sentir bien.

Para ambos era la primera vez que nos sucedía algo así. Ninguno tenía experiencia en infidelidad.

Quizás por eso nos quedamos en la intimidad si hacer nada. El con su miembro erecto y yo con mi vagina húmeda, pero sin que se consumara el sexo. Así se nos fue la noche. Así se nos evaporaron las ganas.

Nadie se atrevió. Nadia dijo nada. Tampoco hacía falta.

A la mañana siguiente, cada quién tomo sus maletas y se marcho para siempre.

Nos llevamos las ganas de regreso a casa.

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