De niña a mujer

A los quince años me rompieron el corazón. A los 16 había madurado. Aentes de terminar el colegio comencé a trabajar. Mi madre me consiguió un trabajo en vacaciones y me gustó tanto que continué laborando después de entrar a la U.

Era una galería de arte y tenía el puesto de asistente de la dueña. Los fines de semana eran movidos pero entre semana me mantenía sola en la oficina por las tardes, en la mañana había otra chica que hacía lo mismo que yo.

Me gustaban las recepciones y los cocteles, el conocer gente excentrica y poco común. Así conocí a un fotógrafo, barbudo, parco en su conversación, muy acusioso con la gente y sobre todo conocedor del mundo y las mujeres.

Por las tardes, cuando llegaba, me comentaba todo sobre las obras que iba a retratar, me preguntaba cosas, como los colores y formas y me contaba su visión del mundo. Era muy agradable y su conversación me sorprendia.

Una tarde, ya casi noche, me pregunto si me podía tomar una foto. Dije que sí, y fue tan expresiva, que me deslumbro.

Después era yo la que le pedía más fotos. Para mi faces, le dije en una oportunidad y se negó. No, dijo algo frustrado de mi mundanidad. Son obras de arte, te las doy para que te asombres y conozcas, no para que la degrades compartiendo en esa porquería, dijo algo enfadado.

Entre nosotros surgió un rollo intenso. Era una relación dificil de explicar porque al principio nunca hubo morbo alguno, pero poco a poco nos fuimos identificando y nos encontramos por mi necedad de encontrarle sentido a mi desarrollo y apetito sexual.

Me duplicaba la edad pero su aspecto no le ayudaba para ser atractivo. Era casado y su esposa, que siempre llegaba a las recepciones, me agradaba bastante. Su hija de 15 estudiaba en el mismo colegio y con el tiempo nos hicimos amigas.

Esas sesiones fotográficas me abrieron el apetito sexual. Comenzó con un juego de roles y termine desnuda frente a su cámara. No fue de un día para otro, pero cuando pasó, me sentí bien. Lo deseaba y lo intuí desde el principio.

La primera vez que lo hicimos, estaba semi desnuda, tirada sobre aquel sillón, posando para su cámara, cuando me dijo que me quitará el pelo del rostro y lo vi tan emocionado que entonces abrí mis piernas y le enseñe mi vagina. Dejóde tomar fotos y se quedo viendome por un buen rato. Y, qué te parece así. Pero ya poco importo.

Dejó la cámara por un lado y observo con sus ojos maravillados aquella escena en donde le mostraba mi alma.Estupendo, alcanzo a decir y apartir de eso, nuestros cuerpos dejaron de ser ajenos y se entrelazaron en lo profundo del deseo. Mi cuerpo le perteneció por un instante, y después me liberó para siempre.

Aún no tienes bellos, me dijo incredulo, o te rasuras. Me están saliendo, dije, y acto seguido tome su mano y la guíe para que me tocará. Pero, dijo, cuando años tienes?, pregunto con duda. Voy a cumplir 19 dije muy resuelta, aún y cuando me faltaban dos semanas para cumplir los 17.

De ahí para adelente todo fluyo entre nosotros.

Antes de cada exposición teníamos relaciones dos o tres veces por semana. Llegaba, hacía su trabajo y luego me hacia el amor de una forma bastante ortodoxa. Ahí no habían condiciones normales, cualquiera podía entrar, tampoco existían las comonidades de un motel o de una habitación, y por eso, cada vez era una postura distinta. Un experimento del que obtuve una maestría.

Ese primer año hubo más o menos unas 26 exposiciones. Así que el sexo fluyo como vendaval en mi vida. Fue tan placentero que aprendí posturas, formas de satisfacernos que nunca antes me hubiera imaginado que existian, ni aún viendolas en you tube. La galería también daba para fantasiar.

El segundo año cambio todo. Principalmente mi aspecto físico. Pase de vestir sport a tener una apariencia de mujer adulta, sofistica y hasta cierto punto, algo de puta provocativa. Los vestidos negros ultra cortos, con zapatos altos y mostrando los pechos. Mi ropa interior varió y deje atrás los calzones de niña buena para usar los hilos y tangas que tanto gustaban aquel fotógrafo.

Mi cuerpo descubrió mis pasiones. Chupar su pene hasta exprimir la última gota de semen era un pasatiempo que me cubría de gloria. Ser penetrada me generaba un orgasmo tántrico. Tener sexo entre obras de arte me abrió el morbo. De la galería pasamos al carro, luego al ascensor y hasta tener relaciones en el baño de un bar.Y al cabo de un tiempo comencé a tener eyaculaciones en cada relación. Era sorprendente.

Aprendí la importancia del juego previo. Descubrí mis mejores posturas. Afine mis movimientos y logre hacerlo terminar con poco esfuerzo y mucho placer. Lo disfrute y me disfruto. Ese primer año fue de puro descubrimiento.

Cualquiera podía pensar que él se estaba aprovechando de una adolescente, pero era todo lo contrario.

El segundo año fue el más intenso. Llegamos a tener sexo a diario, a veces cuatro veces al día. No solo era la cantidad, sino también, las formas. Sobre la mesa de recepción, en el baño, sobre la grama del jardin, en el segundo nivel, en las gradas, sobre aquella pila vieja y húmeda, en aquella ventana que con atención se divisaba la calle, la situación fue tan variada y tan sorprendete que todo ese ambiente y contexto le agregaba una dosis de adrenalina a mi vida.

El desempeño del fotografo era sorprendente. Físicamente él también cambió. Su aspecto fue más atlético y tenía una resistencia juvenil envidiable. Un día le pregunte si aún así, lo hacía con su esposa. Y me dijo que sí. Que siempre le cumplía y exclame con un WoW.

Dejé la ropa elegante y sofisticada por vestidos fáciles de quitar o hacer a un lado. Descubri que su pene tenía ciertas obsesiones y lograba que tuviera erecciones con mis susurros. Le provoque celos y rabietas y sus reacciones violentas me generaban mayor placer. Nunca me golpeo, pero su rudesa me provocaban orgasmos multiples y llegue a derramar muchos líquidos en aquella galería.

A él le resultaba fácil encontrar mi punto y el placer fluia con toda naturalidad. Esa relación me provoco mucha ansiedad cuando él no estaba. No era nada sentimental, sino más obsesión y deseos de tener sexo. Y sabía y siempre lo supe, que estaba casado y no podía cuando yo quería. Así que comencé a salir con varios chavos.

Lo hacía con ellos, cuando él no estaba. Y cuando estaba, tenía muchas fantasías, orgías, trios, sexo de locos. Algunas las compartimos y se hicieron realidad. Pero era bastante celoso y no me gustaba sus enojos, sí la furia que le provocaba intuir que me había ido a la cama con otra persona. 

Mi rostro cambio. Tal vez por el maquillaje, tal vez por el corte de cabello, pero mi  expresión de niña buena, niña adolescente colegiala se había quedado atrás y me converti en una mujer sexy y atractiva a pesar que aún no era mayor edad en ese momento. Mi cuerpo mostraba mi experiencia. No llamaba mucho la atención por mi vestimenta, pero  mis ojos tenían una mirada de fuego.

Era fácil conectarme a los chavos más guapos en los bares y discotecas. Era sexo de una noche. Era sexo consensuado, guiado y manejado por mi cuenta y riesgo. Nada de sentimientos.Mejor si eran solo conocidos. Solo quería pasar la noche bien cogida, sabiendo que el mejor valor vendría después.

Me compraba lencería erótica, juguetes, prendas de latex, en fin toda una parafernalea que la usaba con él y a veces con otros. Comprobe que eso le provoca el doble de excitación y poco a poco fui cumpliendo con sus sus fantasias.

Para su cumpleaños contrate una prostituta negra. Para que cogiera con él. Era mi regalo, pues en una ocasión me comento que le gustaría eso. Y lo hicimos los tres. Me vio cogiendo con un negro, pero no creo que lo haya disfrutado como yo lo disfrute.

Fuimos a un encuentro swiger y los disfrutamos, también participamos en una orgía, y también lo disfrutamos. Pero me di cuenta que cada vez, las fantasías era más extremas y él no siempre estaba dispuesta a llegar a los extremos.Y a veces tampoco estaba muy dispuesta a los riesgos que eso tenía.

Después de un tiempo, le dije que mi fantasía consistía hacerlo en una piscina, a media noche, con luna llena. Entonces reserve un hotel un fin de semana en la playa y nos fuimos para hacer realidad esa escena recurrente, lo cual me generó mucha ilusión, verme reflejada en ese sueño erótico. Sin embargo esto tuvo un costo y fue el principio del fin.

Después de esa noche sucedió algo que nos separo. Una amiga de su esposa nos vio juntos. A lo largo de esos años, nunca nadie sospecho nada, ni nunca nadie nos vio juntos. Hasta ese día. Y con el temor que lo nuestro se descubriera, de común acuerdo, acordamos no volver a vernos.

Estoy segura que esa amiga nunca le dijo nada. Y no paso nada, pero él comprendío que nuestro secreto le podía significar una pérdida mayor y decidió dejar todo. Lo cual comprendí y acepte contenta de seguir mi camino y agradecía por todo lo que había aprendido y disfrutado.

Después de cuatro años, continúo siendo feliz en la cama. Soy una mujer agradecida con la vida y con los hombres que me han abierto el camino al paraíso. Eso incluye a mi actual esposo.

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