De al pelo el tipo

El día que lo conocí se presentó como soltero y sin compromiso. Su descaro era comprensible, no por cínico, sino por caer bien. Con el tiempo y ante la evidencia me confesó que tenía esposa e hijos.

No pasa nada, le dije. Siempre lo supe.

Te asumes como mi amante, me dijo contento de su hombría. Sólo quiero pasarla bien, le respondí reforzando su postura.

Después de algunos meses lo deje de llama y a veces contestaba sus llamadas No había nada que terminar, con alejarme bastaba, pensé.

Pero una noche, por pura casualidad lo encontré en un bar de la zona 1.

Su sorpresa fue mayúscula. El se encontraba con una chica y yo había llegado acompañada.

Nos sentamos enfrente y lo salude con alegría, por verlo.

Al poco tiempo llego y comenzó a reclamarme.

Qué haces aquí. Porqué no me has llamado. No me contestas los mensajes, qué te crees. ¿Te estás acostando con él?

Pensé que estaba bromeando y trate de saludar y presentarle a José, mi acompañante. Pero no era broma, en realidad estaba furioso.

Así que no me dio tiempo a nada.

Eres una puta, dijo antes de salir de la mano con la mujer con quién andaba. Que siempre no era su esposa.

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