Congreso aburrido

Comenzamos al amanecer del sábado. Los pájaros en la ventana, la luz en nuestros rostros y los deseos afloraron nuevamente la pasión, que horas antes iniciamos en el baile de clausura.

Eres bella, me dijo complaciente. Yo sonreí, sin agregar nada más. Entonces me beso y eso despertó mi cuerpo.

Al medio día se levantó y solicitó un desayuno almuerzo, mientras me duchaba. Después de comer algo, me preparo un trago bastante cargado que despertó muchas sensaciones y cogimos esa tarde de una manera peculiar. Fueron unas horas interminables de placer, para ambos, hasta que nos quedamos dormidos.

Antes de las seis, nos metimos al baño y ahí con el correr del agua en nuestros cuerpos volvimos a sentirnos cercanos. A besarnos con morbo y hacerlo como dos adolescentes experimentando con posiciones y acrobacias.

Terminamos en la cama, desnudos, teniendo más sexo, y nos encontramos de nuevo con nuestros propios orgasmos. Deseosos que nunca terminara ese idilio, ambos vimos el reloj y decidimos poner la alarma para el domingo a las 7 de la mañana.

Y sin necesidad de que sonará, recibimos el domingo. Sin descanso, sin pausa, utilizando todo nuestro arsenal, como si fuera la última vez que tendríamos esa oportunidad.

Antes de la 10, él viajaba de regreso a su país. Yo tenía unas horas más, para comprar recuerdos y encargos antes de mi vuelo Guatemala.

El congreso había sido tedioso. Solo rescataba ese último día.

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