Confinados

Carlos Llegó temprano, dijo que no había calculado el tráfico del viernes y que lo sentía. Lo había invitado a cenar en mi apartamento, pero eran las 6 de la tarde y no tenía nada preparado, mi compañera y amiga Claudia aún estaba en casa, esperando las ocho para salir. No te preocupes, le dije. Todo está bien. Afortunadamente ya me bañe, agregue en tono de disculpa.

No sentamos afuera, en el balcón, nos servimos unos rones y los tres platicamos de todo y de nada. Hasta que dieron las ocho y Claudia se marcho con el novio. Así que nos quedamos solos y seguimos charlando, ahora acompañado de cigarros y una música sugerente de jazz que tanto me gustaba.

Admiro tu capacidad para vivir, le dije. Afrontas la vida con tanta energía que me contagias. El se sonrió, no dijo nada, pero entendió la complicidad de aquel halago con el deseo que tenía por estar en la cama, desnuda a su lado.

Me termine el trago y comencé a chupar el hielo de manera sugerente. Entonces me beso, y sus caricias fueron el preludio de una noche maravillosa. Toque su pantalón y supe que estaba bien excitado. El hielo se derretía en mis labios aún esperando lo mejor.

Por un momento sentí que todo el mundo nos miraba. Así que lo tome de la mano y lo lleve a mi cuarto. Ahí bese cada milímetro de su piel y mis sentido explotaron. Yo era el macho alfa dominante, el actuaba, pero se dejaba seducir por mis deseos y mis ganas.

Ya desnudo se recostó sobre la cabecera de mi cama. Y entonces se la chupe, lo bese como loca, poco a poco al principio, desenfrenada después. Estaba tan ardiente que cuando sus dedos tocaron mi vagina era un mar de placer encendido.

Comencé a gemir fuerte. El me susurraba cosas sucias al oído, yo más que escuchar, me producía un enorme escalofrío su respiración cercana. Entonces me subí sobre el y me senté sobre su pene. Mi cabeza se fue para atrás y sus manos comenzaron a tocar mis pechos. Sentí una sensación extraña, una necesidad urgente de terminar y me vine.

Poco a poco recobre la compostura y cambiamos los roles. Primero me beso las piernas y después su lengua encajo perfectamente entre mis dedos, algo que me produjo tantas sensaciones y que  no daba crédito por la forma tan sencilla de encenderme de nuevo.

Subió poco a poco hasta que no pude más y le roge con un grito de euforia que la metiera. Su pene encajo muy bien y su roce dio justo con mi clítoris, así que por espacio de unos minutos tuve los primeros orgasmos múltiples de mi vida. Estaban tan fuerte la sensación que no espere a que terminara, lo expulse de un tiron de mi cuerpo. El sin saber que pasaba, se abalanzo nuevamente buscando donde penetrarme y cuando lo logro su semen se expandió sobre mi regazo.

Así nos quedamos dormidos. Tendidos, desnudos en aquella espaciosa cama, hasta que regreso Claudia y nos encontró ahí. Satisfechos. De reojo observe cuando ella cerró la puerta de nuestro cuarto y apago la luz.

Volvimos a platicar en el desayuno. Mi felicidad estaba a flor de piel. Claudia lo noto, todo el mundo se dio cuenta. No era más que un orgasmo bien logrado.

 

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