Con el dueño del mini súper

sdfererUn compañero de trabajo me pido que lo cubriera en el segundo turno. Acepte por el morbo que me provocaba el dueño, que me miraba constantemente las piernas y se ponía cachondo por mi coqueteo.

Pero al final del día, una sola insinuación basto. Súbitamente tomo mi cuerpo y me despertó el libido. Sin más que una pequeña entrada, me quitó la blusa con evidente rudeza, y sin paciencia me jaloneo el calzón al tratar de bajarme la falda. Lo invadió una dosis de ternura, cuando me dio un beso suave y cariñoso que me gusto y destrabo mis defensas.

Mi cuerpo joven, bien formado, era una dosis de adrenalina para el don Carlos que iba llegando a los 60. No sabía qué hacer, qué tocar, dónde posar sus manos, sus ojos y sus labios estaban desorbitados y sus manos temblaban. Quería tragarse todo al mismo tiempo.

Pero por más que buscará la mejor postura, no lograba encajar en nada. El pobre se esforzaba pero no tenía la destreza, ni la agilidad de su hijo, ni de mi novio. Su dosis de esfuerzo se iba esfumando, sin saber cómo consumar el acto sexual en aquel apartado de la tienda, en donde nos ubicábamos.

Si pudiera hacerlo yo, le dije. Pero no recibí respuesta alguna, mientras seguía afanado en buscar la forma de penetrarme de pie, sin lograr nada de nada. El podre no era tan diestro a pesar de su edad.

Así que cansado y resignado por no lograr nada, se tiro desvanecido y vencido en una silla de la tienda. Fue tan loca la imagen que tuve de ese instante que me compadecía de aquel viejo que deseaba tanto hacerme suya, que cuando tuvo su oportunidad, no lo había logrado.

Así que me di la vuelta, pase mis piernas sobre sus muslos y me puse justo debajo de su pene, que para todo esto, comenzaba un proceso de retroceso elocuente, que si no actuaba difícilmente podría hacer que funcionara después.

Con súbita conciencia de su soledad y del ya para siempre satisfecho anhelo de tocar mi cuerpo, me pose justo entre mi vagina y su pene y me senté con fuerza hasta que logro penetrarme. De ahí en adelante me encargue que tuviera sus 10 minutos de gloria.

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