Celebración

Estamos en una fiesta loca. Mi novio Steve decide consumir drogas en una esquina, mis amigas están en otro lado y de pronto un chico guapo me aborda y me seduce. Me dejo llevar, bailo y sonrió con él. Entonces lo beso. Si, tomo la iniciativa y sus besos me cautivan. El se siente agradecido, pero temeroso. No me importa, le contesto cuando me pregunta por mi novio. Entonces llama a otro amigo. Me lo presenta. Yo sigo en trance, bailando esa música electrónica que contagia y mueve mi cuerpo frenéticamente. Ya en confianza el otro chico juega conmigo. Yo arrimo mis labios a sus insinuaciones, le dio al oído que me gusta mucho y su boca se acerca a la mía desafiante. El salón está lleno. Cada quién en su rollo. Steve sigue en trance. Esa confianza traspasa los límites y ambos chavos juegan con mis pechos, cada quien a su modo me toca, yo bailo, les sonrió, me excito. Me besan, cada quién con sus encantos. Uno de ellos se coloca a mi espalda y mientras yo me beso con su amigo, el toca mis genitales y descubre mi humedad. Sonríe y me besa el cuello, yo asiento cómplice de todo. Y experimentan con mi cuerpo y me convierto en objeto de sus deseos. La música sube de tono y ellos juegan tocándome, yo hago que bailo, brinco de euforia por esa tropelía de manos que tocan y me seducen. Un juego perverso en donde Steve, mi novio, está ausente. Mis amigas me observan y me alientan. Mis deseos fluyen y los besos de ambos me hacen feliz, desafiando a todos y también los toco y compruebo que están excitados igual que yo. Sé que coger con ambos es cuestión de tiempo y mis deseos crecen de solo pensar en esa posibilidad. Nadie se da cuenta a pesar que todos estamos en ese local, poseídos por los dioses del amor. Es la fiesta del día del cariño, una celebración de la vida loca que llevamos dentro.

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