Cambio total, perspectiva nueva

Cuando conocía a Jean Piere, mi perspectiva del mundo cambio. La de mi familia también.

Mi madre, tan chovinista ella, se alegro cuando supo que tenía un novio francés, y después que comprobo que era rubio, alto y con ojos azules, dijo: hija, ahora si vamos a mejorar la raza. Un chiste de mal gusto que soporte con estoisismo.

En realidad nació aquí, su madre es guatemalteca y su padre italiano. A los tres años se mudaron a Quebec Canadá. Vivio en Francia y luego de un largo recorrido por Estados Unidos, se radico en Guatemala con su madre.

Jean Piere esta por cumplir los 34 años, y cuando me enrolle con el era una veinteañera universitaria.

El es un obsesionado con el sexo y las pasiones más bajas que uno pueda imaginarse.Yo en cambio era todo lo contrario.Y digo era, porque mi perspectiva cambio. Gracias a él.

Desupés de un tiempo saliendo, creo que me enamoré.

Pero también aprendí a reafirmar mis gustos, confirmar mis limitaciones y a entender mi cuerpo.

Con Jean Piere todo es extremo.

Un cambio sustancial que tuve cuando empece a salir con él fue mi ropa. Comencé a usar ropa más provocativa, minifaldas, tacones, blusas escotadas, tops, tangas. Además mi mesa de noche se fue llenando de preservativos, juguetes eróticos y aceites. Y las tardes y fines de semana me la pasaba haciendo el amor como loca.

Pase de tener un noviazgo sentimental, con sexo normal, a tener una relación sin límites, en donde lo más importante era el placer y el sentimiento se convertía en algo colateral y secundario. Me volví dependiente sexualmente hablando de Jean Piere, quién ejercía un enorme control sobre mi cuerpo y sus obsesiones.

Una noche, me pidió que me pusiera un vestido rojo muy corto que recién me había comprado, además me pidió que no me pusiera ropa interior y me pidio estar en una esquina para que hiciera las veces de prostituta. Muerta del miedo me pare a esperar que Jean Piere pasara, mientras tanto los carros paraba y me ofrecían dinero para que me fuera con ellos.

Al final paso y lo hicimos en un motel de mala muerte. El encargado del motel, cuando salimos, nos dijo que había más clientes esperando entrar conmigo. Jean Piere se lo pensó. Yo lo aborrecí.

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