Algo para olvidar

Cristina es una de mis mejores amigas. Tiene un alma de Dios y siempre está dispuesta por ti para cualquier cosa, incluyendo claro está la aventura nocturna.

En aquella época estudiantil compartíamos de todo, incluyendo los novios. Además, siempre nos contamos hasta el más mínimo detalle de nuestras vidas y anhelos.

El otro día salimos a recorrer viejos lugares que antes frecuentamos, recordando a malos amores y antiguos novios. Fue una aventura dentro del mismo recorrido.

Ambas estuvimos enamoradas de un chico muy guapo hace algunos años. Las dos salimos con él un par de veces, pero nadie logro seducirlo por completo y ahí comenzamos a sospechar que tal vez sus gustos eran otros. Al paso del tiempo nadie se recordaba de ese chico, hasta que llegamos al Establo, ese viejo bar en donde una noche coincidimos los tres, cuando el bar se encontraba en la Avenida Reforma.

Pues resulta que esa noche, Cristina logro llevarlo a un motel cercano, pero nunca lo supe. Ahora me lo confesaba y yo no me lo podía creer. Claro que le reclame su falta de confianza y le pregunte porqué me lo había ocultado todo este tiempo.

En realidad me da vergüenza contarlo, me confesó Cristina. Fue la peor experiencia de mi vida. En serio, ahora que me acuerdo, trate por todos los medios de borrar de mi mente esa noche hasta ahora.

Resulta que en el camino pasaron por un travesti, el resto es para olvidarlo. El chico guapo y seductor, tenía sus secretos malvados.

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